miércoles, 8 de agosto de 2012

28. EN DONDE CON UN DISCRETO ENCANTO PROPIO DE LA BURGUESÍA SE PONE FIN A LA PRESENTE NOVOLA.



         A primeros de noviembre se celebra el Día de Difuntos, en el que es costumbre que se lleven flores a los cementerios para adornar las tumbas de los familiares, con lo que por esas fechas suelen quedar muy hermosos, con los monumentos funerarios adornados. También, como es día feriado, es una buena ocasión para si queda cerca de un domingo hacer un puente laboral, y Alonso aprovechó aquel para invitar a pasar unos días a Madrid a Marlene, con la que seguía en continua relación postal y telefónica. Invento, este último, que por fin habían decidido mis padres instalar en casa, lo que le permitió a Alonso informarme de la noticia y concertar una cita con ellos. 

         - ¿Si conoces algún lugar agradable que pueda competir con las cuevas donde ellas nos llevaban en Paris?
       - Se me ocurre el “Oliver”, que tiene un piano en el sótano, ya estuvimos alguna vez este verano.
         - Me parece apropiado… antes tenemos intención de ir al cine a ver la última de Buñuel, si te quieres apuntar…

         Aunque la censura continuaba tan férrea como en años anteriores y Luis Buñuel estaba considerado como un director maldito por los entes gubernativos El discreto encanto de la burguesía había ganado el Oscar en 1972 a la mejor película extranjera, representando a Francia, y no habían podido desviar su proyección, aunque sólo autorizaran su versión original en francés y en salas de Arte y Ensayo. Buñuel deseaba filmar la película en España, mas no le fue posible por la censura franquista. En el filme se entremezclan las realidades con los sueños hasta conseguir un entramado en el que es difícil separar lo real de lo soñado:
         Don Rafael Costa (interpretado por Fernando Rey), embajador de Miranda (un imaginario país latinoamericano), y el matrimonio Thévenot están invitados a cenar en casa del matrimonio Sénechal (interpretados por Stephane Audran y Jean-Pierre Cassel), les acompaña la hermana pequeña de la señora Thévenot, que es muy sensible a las bebidas alcohólicas. Pero ha habido una confusión de fechas y ni el señor Sénechal se encuentra en casa ni hay cena preparada, y los cinco deben ir a un restaurante. Al llegar se dan cuenta de que no podrán cenar porque el dueño del lugar ha muerto aquella misma tarde. A partir de este momento, las reuniones entre este selecto grupo de burgueses se verán interrumpidas por una serie de eventos extraordinarios, algunos reales y otros producto de la imaginación de los personajes.

         En realidad lo que une al embajador con los empresarios vernáculos es que funciona como camello de cocaína aprovechando la inmunidad de la valija diplomática, y Buñuel, a partir de estas premisas, aprovecha para ir lanzando sutiles ataques hacia la doble moral del Estado, la Iglesia y el Ejército burgueses, trufados con las diversas formas que los humanos tenemos de entender el sentimiento de la muerte, y aunando la comicidad con la poesía. En los aspectos técnicos, se inventa el ruido de fondo (paso de un avión, teclear de una máquina de escribir,…) cuando quiere que el espectador no se enteré de alguna frase dicha por los actores que podría resultar demasiado polémica, una especie de autocensura que provoca el efecto contrario, pues cada cual puede darle a la frase según sus propias ideas un sentido más fuerte que el que hubiera escuchado.

         Mientras comentábamos algunos de estos aspectos de la película que acabábamos de visionar llegamos al “Oliver”. Era éste un pub con claras influencias anglosajonas que estaba de moda en el mundillo intelectual del momento y donde no era difícil encontrar a algún escritor, pintor o cineasta de prestigio. Me lo dieron a conocer los de la pandilla de Pepu, y como el ambiente era agradable y la música suave lo daba a conocer a mis amistades. 
        Se desarrollaba en un esquinazo con ochava y en dos niveles, el de calle con la barra y mesas alrededor junto a las cristaleras de las fachadas, y el sótano presidido por un piano situado en un pequeño escenario y una mínima pista de baile. La decoración era en azules pálidos y dorados, y las luces indirectas. Y hablo en pasado porque en la actualidad es un restaurante del tipo hamburguesería… Los tiempos están cambiando, que diría Bob Dylan.
         Marlen era hija de exiliados republicanos españoles por lo que, a pesar de ser parisina, hablaba en un muy correcto castellano sin ningún tipo de acento. Estábamos sentados en una mesa lateral del sótano en espera de que comenzara la actuación del pianista y la música ambiental corría a cargo de Leonard Cohen.
         - Parece que por aquí siguen tan salvajes como de costumbre, han rehabilitado la pena de muerte y tienen un Presidente de Gobierno, el almirante Carrero Blanco, del más puro estilo franquista.
         - Para trabajar como vendedora de ropa estás bastante puesta en política -comenté tras de atragantarme con el sorbo de cerveza que tenía en la boca.
         - Mi padre sigue con sus ideas y me mantiene bien informada -explicó Marlen.
         Alonso, que la tenía echado un brazo sobre los hombros la atrajo hacia sí y la dio un beso en la frente.
         - ¡Ay, mi revolucionaria! Por ahí afuera no acabáis de entender las profundas transformaciones que tiene esta sociedad, y que el fin de la Dictadura está más cerca que lejos…
         - Pues parece todo lo contrario -se desasió ella del abrazo.
         - Corren malos tiempos para la lírica -eché mano a Bertold Brecht para restablecer la armonía -, estamos en un momento de involución global, tenemos el caso de Chile, se comenta que Pablo Neruda se murió de pena en su Isla Negra.
         “Puedo escribir los versos más tristes esta noche,
         Escribir, por ejemplo,
         La noche está estrellada…”

         Y tras de aquella noche Marlen volvió a su Paris, Alonso a sus trucos televisivos y yo a la universidad.
         Estábamos celebrando el último día de curso antes de las vacaciones navideñas, había algo de cava y algunas cascarujas, uno de los profes progres había consentido en posponer el examen que teníamos esa mañana hasta el regreso vacacional, y nos había cedido su aula para el festejo… Entonces irrumpieron los grises y nos desalojaron de malos modos entre exabruptos.

         Nadie comprendía nada pero salimos ligeritos y en la Avenida de la Complutense nos fuimos juntando con una riada procedente de otras Facultades y Escuelas Técnicas, que también habían sido desalojados de sus propios festejos, mientras una riada de furgones policiales iban arriba y abajo haciendo tañer sus locas sirenas.

         Después me enteraría que el Presidente de Gobierno, don Luis Carrero Blanco, había muerto en un atentado en el que habían hecho estallar una gran carga de explosivo bajo su coche en una calle del Barrio Salamanca, y me acordé de que mi desconocida Celia me había preguntado si sabía de alguien que alquilara un bajo con sótano por aquella zona para unos amigos suyos. Coincidencias, tal vez.

domingo, 5 de agosto de 2012

27. DE PAPILLON Y OTRAS MARIPOSAS EN EL METROPOLITANO



         El viaje a Paris estuvo lleno de aventuras iniciáticas, más para Alonso, que se enamoró perdidamente de Marlen, una amiga de la prima de Dolfo, que disponía de un automóvil y se convirtió en nuestra guía en la noche de la ciudad circulando a una velocidad bajo los subterráneos colindantes con el Sena de auténtico vértigo, así que cuando años después contemplé por la tele los despojos del accidente de Lady Diana, me admiré de seguir aún con vida.

         Para dormir nos ofreció compartir su pequeño apartamento, en realidad a Alonso compartir también la cama… pero tampoco se duerme tan mal en un sofá si has pasado un día ajetreado y bien acompañado.


        
         Por el día, Marlene trabajaba en una boutique, embelleciendo con ropas elegantes a parisinas y forasteras, y yo arrastraba de museo en museo a un ojeroso Alonso que llegó a abominar la pintura impresionista. Nuestra dieta alimenticia hasta la puesta de sol consistía en sendas baguettes con patés y quesos del país, regadas con vino de Bourdeos sin marca, que comprábamos en cualquier supermarché y degustábamos en el parque que mejor nos venía a la mano, en espera de la atención nocturna de nuestras anfitrionas. Y los días pasaron tan rápidos que en un visto y no visto nos vimos subidos en el tren Puerta del Sol de regreso a casa, una demostración más de que el sentido del tiempo es sicológico, y a las ocupaciones cotidianas: Alonso al visionado de películas y yo a la universidad.

         - Tiene que ser aburrido pasarse toda la jornada visionando bodrios…
      - Te aseguro que lo es, por eso en vez de comprobarlas junto a mi compañero de trabajo nos vamos turnando, a no ser que sea una interesante y, entonces, la disfrutamos juntos. Este trabajo también tiene otros alicientes paralelos -comenzó a confesar Alonso. Desde la célebre madrugada de la piscina habíamos intercambiado bastante información sobre nuestras ideas políticas y sociales. El había sido alumno en la universidad de don Enrique Tierno Galván, gran profesor de ideas sociales avanzadas que le costaron que durante un tiempo estuviera apartado de su cátedra y que, años después, llegaría a ser Alcalde de Madrid, y el pensamiento ideológico de mi amigo se movía por las esferas de su maestro, aunque nunca acabara de reconocerlo porque los tiempos no estaban para presumir de ideales avanzados -. ¿No sé si contártelo?
         Íbamos sentados en pasajes paralelos, y el traqueteo del tren invitaba a la somnolencia, por lo que a nuestro alrededor la gente dormitaba y era difícil que nadie escuchara nuestra conversación. No obstante Alonso echó una visual al entorno antes de proseguir en voz más baja:
         - Cuando hay oportunidad de que se proyecte una película interesante frente a un bodrio programado le ponemos a éste tantos impedimentos de falta de calidad en tramos de visionado y sonido que no tienen más remedio que cambiar la programación -y sus ojos claros chispeaban de malicia.
         - ¿No tenéis miedo a que algún día os descubran el truco?
         - En la “Casa” -era así como denominaban en el argot sus empleados a los estudios del medio televisivo- hay mucho relajo y el responsable de la supervisión está más preocupado por trepar escalones confraternizando de despacho en despacho, o en la cafetería, que por realizar su labor…
        
        El curso comenzó demasiado pronto para mi gusto, supongo que también para mis compañeros de clase, y, sin saber cómo, nos vimos envueltos en la vorágine de la rutina diaria. Y de las amistades habituales, del 93 y de fuera de él. Y de los hábitos cinéfilos.

         Mariana me acompañó a visionar una peli que tuvo mucha fama por aquellas fechas al cine Metropolitano.
             Papillon es una película de 1973 dirigida por Franklin J. Schaffner, que ya había tenido un gran éxito con “El Planeta de los Simios” y con “Patton”, y que estaba protagonizada por Steve McQueen, actor muy taquillero, y Dustin Hoffman, que se dio a conocer en “El Graduado” y ya había interpretado algunos grandes papeles. La cinta, con guión de Dalton Trumbo, está basada en la novela escrita por Henri Charrière en 1969.


         Condenado a cadena perpetua por un crimen que afirma no haber cometido, Henri Charrière, es enviado al exilio en las colonias penitenciarias de Guayana Francesa y la Isla del Diablo. Conocido por su apodo de Papillon, debido al tatuaje de una mariposa que lleva en el pecho y que simboliza la libertad, Charrière dedica todo su tiempo y energía a escaparse con sus amigos y compañeros de cárcel, entre ellos Degà. Un día, recibe un castigo y se encuentra incomunicado durante dos largos períodos. Tras trece años de detención salvaje, su coraje y su fe indestructibles lo llevarán a la libertad.

         Tanto la novela como la película pueden considerarse obras de denuncia, ya que al tiempo que descubren las entrañas del sistema penitenciario de las colonias francesas, muestran algunos aspectos crudos y tortuosos del trato a los prisioneros, de las torturas tantos físicas como psicológicas, además del esfuerzo que el espíritu humano, en este caso representado por el mismo Papillon, hace por adaptarse a un medio altamente hostil, que ofrece pocas posibilidades a la supervivencia, un ambiente aislado del mundo, en medio de pantanos pestíferos y malsanos, en cárceles subhumanas, ardientes y oscuras, con celadores insensibles y crueles. Pero sobre todo, es de destacarse la persistencia por alcanzar la libertad, por defender el poco de dignidad humana que puede conservarse en la cárcel, incluso exponiendo la vida a cambio de ella. Todo esto en su conjunto explicaría el éxito de la novela y la película.

         Terminada la proyección, después del verano tan movidito en lo sexual que había tenido, en medio de los besitos y achuchones con que solíamos despedirnos le hice ciertas proposiciones a Mariana, que ella rechazó muy airada, con lo que pude comprender que me encontraba ante otro tipo de mariposa.
       
         Pocos días después Pedro Francisco, que continuaba con sus actividades sindicales, me convenció para que le acompañara a visitar al Ebanista, que continuaba pudriéndose en la cárcel de Carabanchel con grandes deseos de revolotear de nuevo en la calle como una mariposa. Se encontraba bastante preocupado por un suceso que apenas si había tenido difusión en los noticieros pero que después tendría unas amplias repercusiones: la detención del anarquista Salvador Puig Antich acusado del asesinato de un inspector de policía.
         - Le van a juzgar por el procedimiento militar y, aunque parece que no hay pruebas de que sea él el autor de los disparos, lo más probable es que sea condenado a muerte…
        
         Y así fue, a pesar de las muchas manifestaciones que se hicieron fuera y dentro del país a favor de la conmutación de la pena capital, y hasta de la petición que el Papa de Roma hizo en este sentido. En abril del año siguiente fue ejecutado por el procedimiento llamado “garrote vil”. Todo el proceso fue llevado años después a la pantalla por el director Manuel Huerga en la película Salvador.