domingo, 5 de agosto de 2012

27. DE PAPILLON Y OTRAS MARIPOSAS EN EL METROPOLITANO



         El viaje a Paris estuvo lleno de aventuras iniciáticas, más para Alonso, que se enamoró perdidamente de Marlen, una amiga de la prima de Dolfo, que disponía de un automóvil y se convirtió en nuestra guía en la noche de la ciudad circulando a una velocidad bajo los subterráneos colindantes con el Sena de auténtico vértigo, así que cuando años después contemplé por la tele los despojos del accidente de Lady Diana, me admiré de seguir aún con vida.

         Para dormir nos ofreció compartir su pequeño apartamento, en realidad a Alonso compartir también la cama… pero tampoco se duerme tan mal en un sofá si has pasado un día ajetreado y bien acompañado.


        
         Por el día, Marlene trabajaba en una boutique, embelleciendo con ropas elegantes a parisinas y forasteras, y yo arrastraba de museo en museo a un ojeroso Alonso que llegó a abominar la pintura impresionista. Nuestra dieta alimenticia hasta la puesta de sol consistía en sendas baguettes con patés y quesos del país, regadas con vino de Bourdeos sin marca, que comprábamos en cualquier supermarché y degustábamos en el parque que mejor nos venía a la mano, en espera de la atención nocturna de nuestras anfitrionas. Y los días pasaron tan rápidos que en un visto y no visto nos vimos subidos en el tren Puerta del Sol de regreso a casa, una demostración más de que el sentido del tiempo es sicológico, y a las ocupaciones cotidianas: Alonso al visionado de películas y yo a la universidad.

         - Tiene que ser aburrido pasarse toda la jornada visionando bodrios…
      - Te aseguro que lo es, por eso en vez de comprobarlas junto a mi compañero de trabajo nos vamos turnando, a no ser que sea una interesante y, entonces, la disfrutamos juntos. Este trabajo también tiene otros alicientes paralelos -comenzó a confesar Alonso. Desde la célebre madrugada de la piscina habíamos intercambiado bastante información sobre nuestras ideas políticas y sociales. El había sido alumno en la universidad de don Enrique Tierno Galván, gran profesor de ideas sociales avanzadas que le costaron que durante un tiempo estuviera apartado de su cátedra y que, años después, llegaría a ser Alcalde de Madrid, y el pensamiento ideológico de mi amigo se movía por las esferas de su maestro, aunque nunca acabara de reconocerlo porque los tiempos no estaban para presumir de ideales avanzados -. ¿No sé si contártelo?
         Íbamos sentados en pasajes paralelos, y el traqueteo del tren invitaba a la somnolencia, por lo que a nuestro alrededor la gente dormitaba y era difícil que nadie escuchara nuestra conversación. No obstante Alonso echó una visual al entorno antes de proseguir en voz más baja:
         - Cuando hay oportunidad de que se proyecte una película interesante frente a un bodrio programado le ponemos a éste tantos impedimentos de falta de calidad en tramos de visionado y sonido que no tienen más remedio que cambiar la programación -y sus ojos claros chispeaban de malicia.
         - ¿No tenéis miedo a que algún día os descubran el truco?
         - En la “Casa” -era así como denominaban en el argot sus empleados a los estudios del medio televisivo- hay mucho relajo y el responsable de la supervisión está más preocupado por trepar escalones confraternizando de despacho en despacho, o en la cafetería, que por realizar su labor…
        
        El curso comenzó demasiado pronto para mi gusto, supongo que también para mis compañeros de clase, y, sin saber cómo, nos vimos envueltos en la vorágine de la rutina diaria. Y de las amistades habituales, del 93 y de fuera de él. Y de los hábitos cinéfilos.

         Mariana me acompañó a visionar una peli que tuvo mucha fama por aquellas fechas al cine Metropolitano.
             Papillon es una película de 1973 dirigida por Franklin J. Schaffner, que ya había tenido un gran éxito con “El Planeta de los Simios” y con “Patton”, y que estaba protagonizada por Steve McQueen, actor muy taquillero, y Dustin Hoffman, que se dio a conocer en “El Graduado” y ya había interpretado algunos grandes papeles. La cinta, con guión de Dalton Trumbo, está basada en la novela escrita por Henri Charrière en 1969.


         Condenado a cadena perpetua por un crimen que afirma no haber cometido, Henri Charrière, es enviado al exilio en las colonias penitenciarias de Guayana Francesa y la Isla del Diablo. Conocido por su apodo de Papillon, debido al tatuaje de una mariposa que lleva en el pecho y que simboliza la libertad, Charrière dedica todo su tiempo y energía a escaparse con sus amigos y compañeros de cárcel, entre ellos Degà. Un día, recibe un castigo y se encuentra incomunicado durante dos largos períodos. Tras trece años de detención salvaje, su coraje y su fe indestructibles lo llevarán a la libertad.

         Tanto la novela como la película pueden considerarse obras de denuncia, ya que al tiempo que descubren las entrañas del sistema penitenciario de las colonias francesas, muestran algunos aspectos crudos y tortuosos del trato a los prisioneros, de las torturas tantos físicas como psicológicas, además del esfuerzo que el espíritu humano, en este caso representado por el mismo Papillon, hace por adaptarse a un medio altamente hostil, que ofrece pocas posibilidades a la supervivencia, un ambiente aislado del mundo, en medio de pantanos pestíferos y malsanos, en cárceles subhumanas, ardientes y oscuras, con celadores insensibles y crueles. Pero sobre todo, es de destacarse la persistencia por alcanzar la libertad, por defender el poco de dignidad humana que puede conservarse en la cárcel, incluso exponiendo la vida a cambio de ella. Todo esto en su conjunto explicaría el éxito de la novela y la película.

         Terminada la proyección, después del verano tan movidito en lo sexual que había tenido, en medio de los besitos y achuchones con que solíamos despedirnos le hice ciertas proposiciones a Mariana, que ella rechazó muy airada, con lo que pude comprender que me encontraba ante otro tipo de mariposa.
       
         Pocos días después Pedro Francisco, que continuaba con sus actividades sindicales, me convenció para que le acompañara a visitar al Ebanista, que continuaba pudriéndose en la cárcel de Carabanchel con grandes deseos de revolotear de nuevo en la calle como una mariposa. Se encontraba bastante preocupado por un suceso que apenas si había tenido difusión en los noticieros pero que después tendría unas amplias repercusiones: la detención del anarquista Salvador Puig Antich acusado del asesinato de un inspector de policía.
         - Le van a juzgar por el procedimiento militar y, aunque parece que no hay pruebas de que sea él el autor de los disparos, lo más probable es que sea condenado a muerte…
        
         Y así fue, a pesar de las muchas manifestaciones que se hicieron fuera y dentro del país a favor de la conmutación de la pena capital, y hasta de la petición que el Papa de Roma hizo en este sentido. En abril del año siguiente fue ejecutado por el procedimiento llamado “garrote vil”. Todo el proceso fue llevado años después a la pantalla por el director Manuel Huerga en la película Salvador.

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