lunes, 30 de abril de 2012

3 SOBRE DIFERENTES EDADES Y CABELLOS DORADOS.


     
         Otra novedad entre las salas de programación era que la Filmoteca Nacional había decidido sacar a la luz sus fondos y para ello alquiló un cinematógrafo que se encontraba de capa caída, el cine California, situado por la zona de Chamberí. Al aliciente de poder visionar películas que nunca habían sido proyectadas en salas comerciales, unas veces a causa de la censura y otras porque la mayoría ya tenían bastantes años y no representaban ningún atractivo para el gran público, estaba el añadido de que había precios reducidos para estudiantes.

         El compañero de habitación de Dolfo en el Colegio Mayor se llamaba José Alfredo, pero todos le llamaban Pepu. Precedía de Santander y estudiaba Bellas Artes. Aunque un poco presuntuoso en cuanto se refería a Arte -era un admirador convencido de Picasso. y se debía de considerar a sí mismo como un futuro inventor de algún nuevo estilo pictórico- era bastante afable y congeniaba muy bien con mi compañero de aulas. Tenía una cuadrilla de amigos, todos relacionados por sus convicciones vanguardistas, bien respecto de las diferentes artes bien de la literatura, y solían realizar de cuando en cuando alguna fiestecilla sin necesidad de que el motivo tuviera mucho fundamento, y más bien fuera activado por las ansias de divertirse. Dolfo siempre era invitado a participar en ellas, y en alguna ocasión le acompañé. En una de ellas conocí a Mariana.

         Mariana estudiaba la carrera de Filología Francesa en la Complutense, y se convirtió en una entrañable y asidua compañera a los diferentes ciclos que se organizaban en la Filmo. Era rubia y un poco regordeta, la mezcla de razas que la habían elaborado: su abuela era chilena, su madre sueca y su padre inglés, sobre lo que yo conociera, habían dado como resultado una especie de walkiria moderna digna de figurar en una ópera de Wagner.

          Por lo general era yo quien la alertaba cuando veía en la programación alguna película que podía resultar de su interés, porque todavía no disponíamos de teléfono en casa y la recíproca resultaba imposible. Así que me tocaba bajar a la calle y buscar la cabina telefónica pública más cercana al 93, que no estaba tan cercana  sino como a unas dos manzanas, tener la suerte de que ella se encontrara en su domicilio, pues a veces se iba a estudiar a la biblioteca con alguna compañera de clase o a otros asuntos, tener la suerte de que dispusiera de tiempo, tener la más suerte de que la peli que yo había imaginado que podía interesarla la interesaba… en fin, todo un cúmulo de aspectos favorables que se cumplieron el día que proyectaban “La Edad de Oro”, de Buñuel. Así que pude disfrutar tanto de la proyección de la película como de la compañía de mi amiga, con la que solía hacer manitas en la penumbra de la sala, y de vez en cuando recibir un sabroso beso, tenía unos labios carnosos y una lengua deliciosa, cuando la acompañaba hasta el portal de su casa, junto a la Iglesia de Los Jerónimos Reales, una preciosa joya del neogótico, cuyo claustro ha sido reconvertido en ampliación del Museo de El Prado, con diseño del arquitecto Rafael Moneo.

         Luis Buñuel vivía desde 1925 en París, donde realizaba diversas actividades en ámbitos culturales y artísticos muy variados. El año anterior, fruto de una intensa y muy productiva semana de trabajo con Salvador Dalí, en Figueras, y con el dinero que le había dado su madre, rodó Un perro andaluz, inolvidable película que, con el tiempo, revolucionaría por completo la industria y el concepto de cine.
 
        La mítica “Edad de Oro”, a la que ya hiciera alusión Miguel de Cervantes en su célebre “Discurso de las Armas y las Letras”, incluido en la segunda parte de El Quixhote, siempre ha sido un referente literario y artístico desde el Renacimiento.

         Respecto a “La Edad de Oro”, película, una vez rodada y montada, con novedades tales como la voz en off, utilizada por primera vez en el cine y con un uso muy explotado posteriormente, el del monólogo interior, se preparó una proyección privada en casa de los Noailles, a la que asistieron miembros del grupo surrealista y algunos amigos más. Días más tarde, organizaron una proyección privada en el cine Pantheon, a las diez de la mañana, de la que la gente salió indignada y que acarreó muchos problemas a los Noailles. Así, Luis Buñuel escribió en sus memorias: "Marie-Laure y Charles recibían a los invitados en la puerta, les estrechaban la mano sonriendo y a algunos hasta los besaban. Después de la sesión, volvieron a situarse en la puerta, para despedir a los invitados y recoger sus impresiones. Pero los invitados se marchaban deprisa, muy serios, sin decir una palabra. Al día siguiente, Charles de Noailles fue expulsado del Jockey Club. Su madre tuvo que hacer un viaje a Roma para intentar parlamentar con el Papa, ya que incluso se hablaba de excomunión."
         A pesar de todo esto, estuvo seis días a sala llena en Studio 28, hasta que fue prohibida por la policía, debido a las presiones de grupos conservadores de extrema derecha, los Camelots du Roi y los Jeunesses Patriotiques, los mismos que destrozaron la sala durante una de las proyecciones. Dicha prohibición duró hasta 1980 en Nueva York y 1981 en París. En España, con el estallido de la Guerra Civil, se perdió la cinta.
         Quizá contribuya todo esto a hacer de la película casi un objeto de culto, una obra muy preciada, no sólo por el valor indudable que en sí misma tiene.

         Acerca del tema de la película, Buñuel escribió: "L'Âge d'Or es también —y sobre todo— una película de amour fou (amor loco), de un impulso irresistible que, en cualesquiera circunstancias, empuja el uno hacia el otro a un hombre y una mujer que nunca pueden unirse."
         Se trata, pues, de la rebelión de dos amantes que se niegan a que su amor, pasional y sujeto sólo a sus propias normas, tenga que ser extinguido debido a los prejuicios y preceptos morales y sociales tradicionales. Teniendo en cuenta que sería ésta la línea argumentativa de la película, podemos incluso considerarla como una metáfora del propio grupo surrealista, de su manera de entender la vida y las relaciones humanas, de la necesidad de ser coherente con los principios morales propios, pese a las normas de conducta convencionales: la jerarquía civil, el clero, las normas de conducta, el poder de la aristocracia, la buena educación, el equilibrio, la mesura de los instintos propios, el autocontrol y, en definitiva, el predominio de lo racional sobre lo instintivo, en todos los aspectos de la vida de la persona.
         Las dos líneas temáticas principales son, entonces, el amor y el deseo (con toda la carga de sensualidad, sexualidad y frustración que implican) y, por otra parte, los intentos de estos dos amantes de volver a la edad de oro (se ve, pues, que el título de la película recoge uno de los principales temas de los que trata), es decir, de acabar con la sociedad burguesa asentada sobre los pilares tradicionales de la jerarquía social y el clero y que impide al individuo ser él mismo.
         También hay otros subtemas:
         1.- La violencia: en diferentes contextos, tanto los absurdos (suicidio del ministro del Interior cayendo contra el techo), como otros en los que, tradicionalmente, no está justificada (guardabosques que mata a su hijo porque le ha apagado el cigarrillo) o con una intención de mero choque en el espectador (Gaston Modot golpea a un ciego que quiere tomar el mismo taxi que él en Roma). Liberar estos instintos es parte también del programa surrealista, como sabemos, y ellos mismos lo ponían en práctica en sus vidas en distintas situaciones.
         2.- La Iglesia/el clero: aparece cuestionada en cuanto a su organización jerárquica y a su poder represor. Pero no se puede decir que se trate de un “anticlericalismo feroz” de Buñuel, como decía Dalí, sino más bien una revisión sutil y humanizadora de una institución demasiado corrompida por siglos de costumbres, ritos y tradiciones.
         3.- La decadencia y la putrefacción: no tanto como un medio plástico utilizado para provocar reacciones entre el público sino, sobre todo, como un icono, una simbología cargada de significado entre los surrealistas. Pero vemos esta decadencia no sólo en las imágenes de excrementos o mutilaciones, sino también en los convencionalismos sociales sin sentido en la fiesta aristocrática o en los edificios de Roma que se derrumban, como símbolo de una civilización que ya no se tiene en pie.
         4.- Sade: personaje verdaderamente influyente en todos los surrealistas, a quien leían con devoción y cuyos principios de liberación sexual encajaban a la perfección con las ideas que tenían los surrealistas al respecto. Buñuel reserva para él el final de la película, separándolo acaso del resto, como si fuera el veneno que los escorpiones tienen al final de la cola, segmentada, como la película, en seis partes. De este modo, no es presentado como un símbolo más, como una imagen, sino casi como una metáfora del veneno que los mismos surrealistas encerraban para la sociedad que les rodea. Provocativa es la identificación de Sade con la imagen clásica de Cristo con barba y túnica. Quizá pretende Buñuel demostrar así que Cristo también era humano y, cómo no, provocar al espectador una vez más, remover los cimientos de la educación europea cristiana tradicional.
         5.- Dificultad de comunicación entre los seres humanos: tema realmente constante en la historia de todas las artes de todos los tiempos y que preocupaba especialmente a Buñuel. El ser humano no es capaz de hacerse entender correctamente por otros, de que se le escuche y se le comprenda, no sólo a niveles profundos, como en una pareja (la que forman Lya Lys y Gaston Modot), sino incluso en situaciones más sencillas de la vida. Por poner un ejemplo, Gaston Modot sólo se libra de los policías que le llevan preso por las calles de Roma al enseñarles el certificado oficial pero sus palabras no habían servido antes de nada. En este sentido, muchos de los surrealistas tenían también esta misma preocupación e intentaban plasmarla en sus diferentes piezas de arte.
         6.- Humor/absurdo: ingrediente imprescindible en toda creación surrealista. En L'âge d'or hay constantes ejemplos de ello. La mayor parte son juegos formales, por así decirlo, pero algunos, como el paso del carro lleno de campesinos que beben vino por la fiesta aristocrática sin que nadie les preste atención, revelan el absurdo de las situaciones que habitualmente están tan codificadas que ya ni nos sorprendemos cuando a nuestro alrededor suceden cosas así.
         Con estos ejemplos de temas o contenidos que son motivos surrealistas, se puede concluir que Buñuel logró su objetivo de hacer una película surrealista.

domingo, 29 de abril de 2012

2 SOBRE LA VIDA CONSIDERADA COMO UN CABARET, VIEJO COMPINCHE.


         Cuando una película tenía un considerable éxito, se hacían los recortes económicos que hicieran falta pero se la iba a ver a un cine de Estreno en la Gran Vía (se seguía llamando de José Antonio -el fundador de la Falange- pero ya nadie hacía caso a esta apreciación y se quedaba con su nombre zarzuelero). Además de la Gran Vía otro área dedicada a cines de estreno era la calle Fuencarral, en el tramo comprendido entre las Glorietas de Quevedo y de Bilbao. En uno de ellos estrenaron “Cabaret”. 

         La costumbre de pasarme por el Rastrillo de Tetuán los domingos por la mañana la seguía manteniendo, unas veces por comprar alguna mercancía que necesitaba y otras tan solo por curiosear y encontrarme con conocidos o familiares, el más allegado mi propio padre, a quien era bien fácil de hallar, en compañía de alguno de sus amigos, en los puestos dedicados a la venta de discos y casettes -gran aficionado a la música mi viejo-, y encontrarle era certificado de recibir una invitación a tomar algo, tazas de caldo en invierno y refrescos en verano, en alguna de las muchas tascas aledañas.

     Pero los jóvenes siempre preferimos la compañía de nuestros contemporáneos y si aparecía alguno por el camino se evitaba pasar por cerca de donde se escuchara música. Pedro Francisco desde la Escuela Pública, cuando llegó a los catorce años, se fue a trabajar de aprendiz en un taller de imprenta que tenía un hermano de su madre, y parece ser que tanto la profesión como sus ansias de prosperar se habían compadreado con sus carácter, porque lejos de dejarse adormecer a la sombra de la protección familiar cuando acabó el Servicio Militar, que era obligatorio para todos los españolitos, se empleó en la rotativa de un periódico de gran tirada. Había engordado un poco y sus rebeldes pelos rubiejos continuaban tan rebeldes como siempre a la par que sus ganas de bromear, tal vez por ello no era capaz de entablar una relación en serio con una chica, y continuaba picoteando de flor en flor, sin esforzarse en nada en prender alguna de ellas en el ojal de su existencia.

         Habíamos comenzado a charlar y curioseábamos por los puestos sin prestar mucha atención a las mercancías cuando comenzó a llover.
         - Será mejor que nos refugiemos en algún bar -sugirió Pedro.
         - Como buen estudiante no tengo un chavo -le expliqué.
         - Yo invito, Ramón, cuando seas juez ya tendrás ocasión de devolverme el favor -siempre tan bromista.
         - Me parece que mis inclinaciones van más bien hacia el lado de abogado laboralista… -siempre tan serio y comedido.
         Con las cervezas nos pusieron como tapa una platito de paella recién hecha con dos cucharillas, y como el compartir plato siempre da confianza la conversación interrumpida por la lluvia giró hacia temas más problemáticos y confidenciales.
         - Con los tiempos que vienen a la profesión que vas a elegir no le va a faltar trabajo, cada vez son más los afiliados a sindicatos y mayores los deseos de que esto cambie de una vez.
         Como la mala costumbre de platicar por aquí es gritando y la taberna estaba abarrotada parecía más bien una sala de grillos y se podía hablar de lo que gustarás sin tener el menor temor a que alguien reparara en el tema, con dificultad podías entender lo que te decía tu interlocutor.
         - Tal vez te parezca una tontería pero la vocación por la defensa me vino como de repente una tarde en que veíamos “Testigo de Cargo” en el cine Carolina…
         - Una tarde inolvidable en la que entre las sombras de la sala salió a la luz el afeminamiento de nuestro vecino Julián, ¡pobre chico!
         - Sí, que mal final tuvo, atropellado por un automóvil en la Dehesa de la Villa, y por allí no pasan muchos vehículos…
         - Pero las curvas son cerradas y tienen muy mala visibilidad.
         - Debía de ir muy despistado para ir por el centro de la calzada…
         - Lo que iba era fumado, en los últimos tiempos se juntaba con gente de cada vez peor calaña, ya sabes hachís y esas cosas. La marginación social produce que cualquiera que tenga alguna inclinación diferente a lo establecido tenga que buscarse unas compañías distintas a lo habitual. ¡Es este puto régimen fascista que cuanto más podrido y moribundo está más ataca las libertades! -sin darse cuenta Pedro había acabado gritando está última frase y me asustó.
         - Baja el tono, por favor -le rogué, pero, conociendo tan bien su carácter, me di cuenta de que por este camino no conseguiría nada, y, como cuando se exaltaba se le hinchaba la cicatriz que le produjo el golpe de la barca verbenera, aproveché para dar un cierto giro a la conversación -. ¿Volviste a tener alucinaciones?
         - ¿Alucinaciones? -me preguntó a su vez un tanto asombrado.
         - Es posible que no lo recuerdes y que fuera producto de la fiebre, porque se te infectó la herida, pero en una ocasión en que te fui a visitar cuando estabas convaleciente me hablaste de un niño que se sentaba a los pies de tu cama y te hablaba en francés…
         - No me jodas, Ramón, el que parece que tienes alucinaciones eres tú, y es que estudias demasiado, y eso no puede ser bueno… Le prometí a mi hermana que la llevaría a ver “Cabaret” esta tarde, ¿por qué no nos acompañas?
         - He oído muy buenas referencias a cerca de esa peli pero ya te he comentado que tengo los bolsillos pelados…
         - Pues yo he hecho esta semana unas horas extras y el dinero me quema en el bolsillo, no se hable más, iremos a la primera sesión.
         Contento de haber conseguido que se le disiparan sus furores sociales acepté la invitación, y disfrutamos de una preciosa película y de la voz y la gracia de Liza Minnelli, la hija del gran director Vicent, que, entre otras, dirigió “El Loco del Pelo Rojo”, dedicada a otro Vicent… Van Gohg.


         Cabaret  es una  película musical estadounidense dirigida por Bob Fosse, un experto en este tipo de filmes, en 1972.
         Está basada en la novela Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood, y fue ganadora de numerosos premios cinematográficos y preservada en el archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
            En el Berlín de inicios de los años 30 tiene lugar una historia de amor entre la bailarina de un local nocturno de moda llamada Sally Bowles (Liza Minnelli) y un estudiante de Cambridge llamado Bryan Roberts (Michael York), con los nazis en pleno auge político con la llegada al gobierno alemán del partido nazi.
         El maestro de ceremonias está interpretado por el actor y cantante  Joel Grey, que ya hiciera el papel en el musical del mismo nombre estrenado en Broadway, en una performance imposible de olvidar.

         En invierno por los madriles ya es noche casi cerrada hacia las seis y media de la tarde, hora a la que salimos del cine… pero la tarde es joven y, si no llueve y la temperatura no es demasiado fría, todo te invita a pasear, así que acompañamos a Lucía, que así se llama la hermana de Pedro Francisco, también un poco rechoncha como él, pero morena, hasta la cercana estación de metro de Bilbao, que como está en la línea 1 la llevaría directa hasta Tetuán, y nosotros decidimos volver hasta el 93 en el coche de san Fernando y disfrutar del paseo rememorando los tiempos pasados.
         - ¿Qué sabes de Rivas? -me preguntó Pedro.
         - Vino con sus padres a pasar las Navidades con sus hermanos.
         - Pues no coincidimos en ningún momento. Ni siquiera pasé la noche en casa, unos amigos me habían invitado a una fiesta, gente del sindicato, y nada más cenar me fui…
         -  Las fiestas ya no son como cuando éramos niños y adolescentes, cada familia la celebra ahora en su propia casa acompañado por su televisor. Aunque el edificio parece estar sólido en lo estructural se está convirtiendo en una ruina humana. Suerte que volviera Rivas… ¡Nos jugamos una partida de ajedrez en un descansillo de la escalera, jajajaja!
         -¡Ja,ja,ja,ja…! -me acompañó Pedro en las risas-, os imagino y no me lo puedo creer.
         - Terele también nos acompañó un rato, y nos trajo una botella de cava, no fue tan aburrido como te lo estás pensando… no hubo nostalgia para nada, sólo una forma distinta de celebración.
         -Terele, que se está quedando para vestir santos, y ha engordado bastante de una parte acá.
         - La vida sedentaria de las oficinas, pero sigue siendo muy guapa.
         - Tuviste una temporada que por Fas o por Nefas no salías de su casa, aunque nunca nos quedó claro si era por ella o por las buenas tartas que elaboraba su tía -siempre tan bromista.
         - Un poco por ambas razones -siempre tan serio.

sábado, 28 de abril de 2012

1 DE TIEMPOS MODERNOS EN LA UNIVERSIDAD.


         El repertorio de posibilidades de acceso a la cinematografía había ampliado mucho su baraja. Unas nuevas salas, denominadas de Arte y Ensayo, de pequeño aforo y con las películas en versión original, ofrecían un repertorio de producciones que por su intención, formato o novedad se salían de lo esperado en una sala comercial. Por otra parte, en algunos Colegios Mayores, residencias para estudiantes que llegan a la universidad capitalina desde las provincias o el extranjero, y en varias facultades y escuelas, se montaban Cineforum, que consistían en la proyección de una película y después se establecía un posterior coloquio entre los asistentes. Los de las residencias eran directamente gratuitos, como una actividad más que brindaba la organización a sus hospedados y a los que querían invitar éstos. Por lo general las pelis no valían gran cosa, dado el bajo presupuesto de que se disponía para su alquiler, pero de vez en cuanto surgía una agradable sorpresa.
          Rodolfo era de Soria y compañero de clase en la Facultad de Derecho, su padre era notario,  y quería que su hijo siguiera sus pasos, por lo que le envío a estudiar a Madrid.
         - Este domingo van a proyectar en nuestro cineforum  “Tiempos Modernos” de Chaplin, y sé que te gustan sus pelis…
         - La próxima semana tenemos un examen que quedó colgando de antes de Navidades y creo que me voy a quedar en casa estudiando, aunque es cierto que me gustan mucho las películas de Charlot.
         - También he invitado a Marcela, y me ha dicho que es posible que venga…
         Marcela era una de las chicas más guapas que teníamos en la Facultad. No estaba en nuestra clase porque cursaba todavía primero. Guapa y hermosa me lo parecía a mí, ya sabemos que uno de los principales efectos del enamoramiento es la fascinación que ejerce el ser amado, y que tiende a distorsionar bastante la realidad. Así que mejor que dejamos que colabore en su definición formal el bueno de Rodolfo.
         - No acabo de entender muy bien lo que te atrae de ella, es más bien menudita y su belleza es bastante discutible…
         - No jodas, Dolfo, me vas a decir ahora que es fea. Tiene unos ojos preciosos…
         - “Verdes como el mar”, los defines en el soneto que la has dedicado y que me recitaste hace unos días, y en el que no hablas sobre su tamaño.
         - No son muy grandes, pero tampoco pequeños, y tienen mucho fulgor -defendía a capa y espada los ojos que me traían de cabeza.
         - No te engañes, Ramón, las chicas se los repintan y se echan colirios para que brillen. Fulgor natural tienen los tuyos, es probable que a causa del estado febril en que te sumen los enamoramientos.
         - Siempre serás un cínico.
         - Acostumbro a mirar las cosas desde su lado positivo y procuro disfrutar de lo bueno que la vida me va dando. Y no te enfades porque mis gustos estéticos respecto a las mujeres no coincidan con los tuyos. Tu Marcela es rubia y me gustan las morenas, tiene la cara llena de pecas y prefiero los lunares, pocas tetas y estoy por la exuberancia…
         - No sigas que acabaremos por discutir.
         
        Ya se iba notando que mi amigo acabaría por hacer una gran carrera como fiscal, porque puesto a convencer era capaz de demostrar que era noche cerrada aunque estuviera luciendo un luminoso sol. Así que me convenció para asistir a la proyección del filme desatendiendo mis estudios, y poder comprobar cómo el sujeto de mis amores no acudió a la cita. Pero en mi ceguera decidí juntar a las muchas virtudes que la adornaban la de hacerla una chica estudiosa, que prefería a la diversión cinéfila la reclusión en su casa leyendo algún árido mamotreto legal… Aunque en el fondo me quedaba el reconcome de que lo más probable es que hubiera preferido ir a bailar a una discoteca con sus amigas. En cualquier caso, lo bueno de tener amigos con una visión tan optimista e inmediata de la vida es que puedes disfrutar a su lado de hermosos momentos, y Tiempos Modernos nos brindaba una ocasión perfecta.
         El largometraje, escrito, dirigido y protagonizado por Chaplin en 1936, es a la vez una película de humor y una crítica social a las condiciones laborales que se producen con la industrialización y sus cadenas de montajes. Éstas no pudieron empezar con peores augurios, pues la primera de que se tiene noticia estaba dedicada a la manufactura de fusiles de repetición, en las lejanas tierras de Norteamérica, con lo que ya había experiencia por allá cuando Henry Ford se decidió a lanzar al mercado automóviles como si fueran churros, esos vehículos ruidosos que inundan nuestras ciudades llenándolas de gases invernadero.
         El contrapunto emocional, lleno de ternura, lo pone Paulette Goddard, en un papel de huérfana inocente y soñadora, magia del cine, pues a la sazón ya tenía unos veintiséis años y era la pareja sentimental de Charles. También coprotagonizaría con él su siguiente película “El Gran Dictador”, en 1940, año de gran proliferación de tales especímenes
         Tiempos modernos fue un filme a caballo entre el cine mudo y sonoro. Se incluyeron algunos efectos sonoros en la película, como música, cantantes y  voces provenientes de radios y altavoces así como la sonorización de la actividad de las máquinas. Casi al final del filme canta Chaplin una canción con una letra sin sentido en una mezcla de  francés, italiano e inglés.

         En los “cineforum”, cuando termina la proyección es costumbre que se abra un debate sobre lo visionado, y es digno de admiración la cantidad de disparates que se pueden a veces escuchar, al fin y al cabo cada uno visionamos una película diferente.

viernes, 27 de abril de 2012

PRÓLOGO


         Diez años habían dado mucho de sí en la vida de nuestro protagonista y narrador, que se hace llamar Ramón María, más creo que por homenaje a Valle-Inclán que por partida de bautismo. De la academia privada había pasado a un instituto de enseñanza secundaria, donde todo el alumnado eran varones, y con la falta de contacto había perdido su afición hacia María Eugenia, a la no volvió a ver nunca más. El Instituto era el Cardenal Cisneros, situado en la calle de los Reyes, junto a la calle San Bernardo, que desemboca en la Gran Vía. También se puso a entrenar natación en un club que realizaba las prácticas en Diego de León, hacia el este de Madrid, y en los veranos impartía cursillos de natación a los niños, ayudando a su manager. Así que su contacto con el 93 y sus habitantes era cada vez más reducido, incluida su familia -dormir, comer y estudiar por la noche-, hasta los feriados había comenzado a salir, bien con compañeros de estudios bien del deporte.

          Además de los estados físicos de la materia existen los del alma. Igual que en la materia según el grado de calor que se reciba  puede provocar que un elemento esté en su faceta sólida, líquida o gaseosa, en el conjunto de un ente social el calor anímico le provocará llegar mediante un periodo de transformación a un estado de equilibrio duradero.

         Lo cierto es que todos los indicativos anunciaban que la juventud se enfrentaba a lo que se denomina una generación perdida…

         El valor del dinero es una ficción, pues está sometido a las fluctuaciones de las circunstancias y al albedrio de quienes manejan los hilos del teatrillo de títeres, ¿cuánto vale un gramo de coca para una persona que está con el mono, cuánto vale la vida de un trabajador para un patrón que tiene que entregar una obra a fecha fija, cuánto vale un paraje de altos valores ecológicos, que se generó a través de siglos, para un financiero que espera sacar una alta rentabilidad a su destrucción, cuánto vale la vida de cualquiera para un sicario…?, y así podríamos continuar hasta n más 1, recordemos que el comienzo de la reflexión fue físico y, por tanto, fundamentado en las matemáticas.

         Una convulsión puede llegar a un estado de equilibrio estable, lo que de común llamamos democracias modernas, fundamentadas en la separación de poderes legislativo, jurídico y gubernativo, que por su propia esencia como ya predijera Aristóteles son manifiestamente mejorables -en particular si se respetaran las leyes del juego y a ejercitar el linchamiento no se denominara hacer justicia, cuando le conviene al estadista de turno-, o conducir a una revolución de cualquier signo, que según la perspectiva desde la que se enfoque también se puede denominar involución… volvemos a la disyunción entre la aritmética  y el caos, que, aunque nos pese, debemos de reconocer que es el estado natural de los fluidos, líquidos o gases… y de muchos entes sociales.

         Las alucinaciones con el Víctor Hugo niño le habían desaparecido, a Ramón María, tan de repente como le vinieron, y seguramente estuvieron relacionadas con algún trastorno hormonal relacionado con la pubertad.

         La situación económica también había ido cambiando hacia mejor, gracias sobre todo al turismo extranjero que en las costas del sur y de levante había hecho necesarias una gran demanda de construcción de hoteles y apartamentos, que entre otros se habían llevado hacia Alicante a parte de los Rivas -madre, padre, Susana y Sebastián-, pues los hermanos mayores solteros tenían por aquí sus ocupaciones y sus novios. Con el Rivas por antonomasia nunca perdió el contacto a través de cartas y postales, y cuando regresaban al 93 por Navidades, porque en verano eran los hermanos los que preferían bajar a refrescarse a las playas.
         Esta llegada masiva de forasteros, con unos hábitos democráticas y unas prácticas liberales, de pensamiento y de forma, muy diferentes a las que vivíamos contribuyeron a que, al menos en éstas, el Régimen se fuera haciendo poco a poco más permisivo con las costumbres de los ciudadanos, aunque, como veremos aún hubo algunos coletazos sangrientos.

         Por medio había estado el Mayo francés del 68, que también supuso una forma distinta de mirar muchas cosas, de la que ya tendremos tiempo de hablar al comentar algún film. Porque el cine, a pesar de la entrada del televisor en todas las casas, no había dejado de ser una forma de obtención de qultura.

         Para quien no haya leído El 93 en el 63, o se le fuera del magín su inicio reproduzco esta zona de su Prólogo:

         “El 93 era a la sazón una gran casa de vecindario, que fue cuando se construyó el edificio más grande de su entorno. La acepción de vecindario debemos considerarla como peyorativa, pues no implicaba tan sólo una cohabitabilidad sino también un conocimiento y un trato. Es decir que todo el mundo sabía lo que pasaba en la casa de al lado por muy pocas ganas que tuviera de enterarse. Esto lo facilitaban el sistema de escaleras confluyentes en una central que era a la vez alma y pregonero del edificio, el patio de luces que ponía en relación las viviendas exteriores con las interiores y las galerías con excusado común.
         El por qué un filme se te queda como poso en la memoria es el producto de muchas circunstancias en muchos casos ajenas su la propia esencia intrínseca, unas veces se recuerdan las películas por sus propios valores artísticos, otras por sus actores, otras por su tema, otras por las personas que te acompañaron en su visionado, otras por alguna circunstancia que sucedió durante su proyección, otras... llegaríamos a elaborar una lista interminable. Desgraciadamente para el cine, como arte y como industria,  y para las personas, que gustan de él como cultura o como espectáculo, cada vez son menos las películas que se visionan en su medio adecuado, es decir en una sala oscura y rodeado por otras personas, acompañantes y desconocidos, con lo que cada vez son menores las posibilidades que una película se te quede grabada en la memoria, antes bien se te van mezclando escenas, argumentos y hasta intérpretes con anuncios de bebidas refrescantes, automóviles más o menos contaminantes, y el anuncio de un próximo evento deportivo en canal privado o en vía abierta…”