El repertorio de posibilidades de
acceso a la cinematografía había ampliado mucho su baraja. Unas nuevas salas,
denominadas de Arte y Ensayo, de pequeño aforo y con las películas en versión
original, ofrecían un repertorio de producciones que por su intención, formato
o novedad se salían de lo esperado en una sala comercial. Por otra parte, en
algunos Colegios Mayores, residencias para estudiantes que llegan a la
universidad capitalina desde las provincias o el extranjero, y en varias
facultades y escuelas, se montaban Cineforum, que consistían en la proyección
de una película y después se establecía un posterior coloquio entre los
asistentes. Los de las residencias eran directamente gratuitos, como una
actividad más que brindaba la organización a sus hospedados y a los que querían
invitar éstos. Por lo general las pelis no valían gran cosa, dado el bajo
presupuesto de que se disponía para su alquiler, pero de vez en cuanto surgía
una agradable sorpresa.
Rodolfo era de Soria y compañero de
clase en la Facultad de Derecho, su padre era notario, y quería que su hijo siguiera sus pasos, por
lo que le envío a estudiar a Madrid.
- Este domingo van a proyectar en nuestro
cineforum “Tiempos Modernos” de Chaplin,
y sé que te gustan sus pelis…
- La próxima semana tenemos un examen
que quedó colgando de antes de Navidades y creo que me voy a quedar en casa
estudiando, aunque es cierto que me gustan mucho las películas de Charlot.
- También he invitado a Marcela, y me
ha dicho que es posible que venga…
Marcela era una de las chicas más
guapas que teníamos en la Facultad. No estaba en nuestra clase porque cursaba
todavía primero. Guapa y hermosa me lo parecía a mí, ya sabemos que uno de los
principales efectos del enamoramiento es la fascinación que ejerce el ser
amado, y que tiende a distorsionar bastante la realidad. Así que mejor que
dejamos que colabore en su definición formal el bueno de Rodolfo.
- No acabo de entender muy bien lo que
te atrae de ella, es más bien menudita y su belleza es bastante discutible…
- No jodas, Dolfo, me vas a decir ahora
que es fea. Tiene unos ojos preciosos…
- “Verdes como el mar”, los defines en
el soneto que la has dedicado y que me recitaste hace unos días, y en el que no
hablas sobre su tamaño.
- No son muy grandes, pero tampoco
pequeños, y tienen mucho fulgor -defendía a capa y espada los ojos que me
traían de cabeza.
- No te engañes, Ramón, las chicas se
los repintan y se echan colirios para que brillen. Fulgor natural tienen los
tuyos, es probable que a causa del estado febril en que te sumen los
enamoramientos.
- Siempre serás un cínico.
- Acostumbro a mirar las cosas desde su
lado positivo y procuro disfrutar de lo bueno que la vida me va dando. Y no te
enfades porque mis gustos estéticos respecto a las mujeres no coincidan con los
tuyos. Tu Marcela es rubia y me gustan las morenas, tiene la cara llena de
pecas y prefiero los lunares, pocas tetas y estoy por la exuberancia…
- No sigas que acabaremos por discutir.
Ya se iba notando que mi amigo acabaría
por hacer una gran carrera como fiscal, porque puesto a convencer era capaz de
demostrar que era noche cerrada aunque estuviera luciendo un luminoso sol. Así
que me convenció para asistir a la proyección del filme desatendiendo mis
estudios, y poder comprobar cómo el sujeto de mis amores no acudió a la cita.
Pero en mi ceguera decidí juntar a las muchas virtudes que la adornaban la de
hacerla una chica estudiosa, que prefería a la diversión cinéfila la reclusión
en su casa leyendo algún árido mamotreto legal… Aunque en el fondo me quedaba
el reconcome de que lo más probable es que hubiera preferido ir a bailar a una
discoteca con sus amigas. En cualquier caso, lo bueno de tener amigos con una
visión tan optimista e inmediata de la vida es que puedes disfrutar a su lado
de hermosos momentos, y Tiempos Modernos nos brindaba una ocasión perfecta.
El largometraje, escrito, dirigido y
protagonizado por Chaplin en 1936, es a la vez una película de humor y una
crítica social a las condiciones laborales que se producen con la
industrialización y sus cadenas de montajes. Éstas no pudieron empezar con
peores augurios, pues la primera de que se tiene noticia estaba dedicada a la
manufactura de fusiles de repetición, en las lejanas tierras de Norteamérica,
con lo que ya había experiencia por allá cuando Henry Ford se decidió a lanzar
al mercado automóviles como si fueran churros, esos vehículos ruidosos que
inundan nuestras ciudades llenándolas de gases invernadero.
El contrapunto emocional, lleno de
ternura, lo pone Paulette Goddard, en un papel de huérfana inocente y soñadora,
magia del cine, pues a la sazón ya tenía unos veintiséis años y era la pareja
sentimental de Charles. También coprotagonizaría con él su siguiente película
“El Gran Dictador”, en 1940, año de gran proliferación de tales especímenes
Tiempos modernos
fue un filme a caballo entre el cine mudo
y sonoro. Se incluyeron algunos
efectos sonoros en la película, como música, cantantes y voces provenientes de radios y altavoces así
como la sonorización de la actividad de las máquinas. Casi al final del filme
canta Chaplin una canción con una letra sin sentido en una mezcla de francés, italiano e inglés.
En los “cineforum”, cuando termina la
proyección es costumbre que se abra un debate sobre lo visionado, y es digno de
admiración la cantidad de disparates que se pueden a veces escuchar, al fin y
al cabo cada uno visionamos una película diferente.

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