sábado, 28 de abril de 2012

1 DE TIEMPOS MODERNOS EN LA UNIVERSIDAD.


         El repertorio de posibilidades de acceso a la cinematografía había ampliado mucho su baraja. Unas nuevas salas, denominadas de Arte y Ensayo, de pequeño aforo y con las películas en versión original, ofrecían un repertorio de producciones que por su intención, formato o novedad se salían de lo esperado en una sala comercial. Por otra parte, en algunos Colegios Mayores, residencias para estudiantes que llegan a la universidad capitalina desde las provincias o el extranjero, y en varias facultades y escuelas, se montaban Cineforum, que consistían en la proyección de una película y después se establecía un posterior coloquio entre los asistentes. Los de las residencias eran directamente gratuitos, como una actividad más que brindaba la organización a sus hospedados y a los que querían invitar éstos. Por lo general las pelis no valían gran cosa, dado el bajo presupuesto de que se disponía para su alquiler, pero de vez en cuanto surgía una agradable sorpresa.
          Rodolfo era de Soria y compañero de clase en la Facultad de Derecho, su padre era notario,  y quería que su hijo siguiera sus pasos, por lo que le envío a estudiar a Madrid.
         - Este domingo van a proyectar en nuestro cineforum  “Tiempos Modernos” de Chaplin, y sé que te gustan sus pelis…
         - La próxima semana tenemos un examen que quedó colgando de antes de Navidades y creo que me voy a quedar en casa estudiando, aunque es cierto que me gustan mucho las películas de Charlot.
         - También he invitado a Marcela, y me ha dicho que es posible que venga…
         Marcela era una de las chicas más guapas que teníamos en la Facultad. No estaba en nuestra clase porque cursaba todavía primero. Guapa y hermosa me lo parecía a mí, ya sabemos que uno de los principales efectos del enamoramiento es la fascinación que ejerce el ser amado, y que tiende a distorsionar bastante la realidad. Así que mejor que dejamos que colabore en su definición formal el bueno de Rodolfo.
         - No acabo de entender muy bien lo que te atrae de ella, es más bien menudita y su belleza es bastante discutible…
         - No jodas, Dolfo, me vas a decir ahora que es fea. Tiene unos ojos preciosos…
         - “Verdes como el mar”, los defines en el soneto que la has dedicado y que me recitaste hace unos días, y en el que no hablas sobre su tamaño.
         - No son muy grandes, pero tampoco pequeños, y tienen mucho fulgor -defendía a capa y espada los ojos que me traían de cabeza.
         - No te engañes, Ramón, las chicas se los repintan y se echan colirios para que brillen. Fulgor natural tienen los tuyos, es probable que a causa del estado febril en que te sumen los enamoramientos.
         - Siempre serás un cínico.
         - Acostumbro a mirar las cosas desde su lado positivo y procuro disfrutar de lo bueno que la vida me va dando. Y no te enfades porque mis gustos estéticos respecto a las mujeres no coincidan con los tuyos. Tu Marcela es rubia y me gustan las morenas, tiene la cara llena de pecas y prefiero los lunares, pocas tetas y estoy por la exuberancia…
         - No sigas que acabaremos por discutir.
         
        Ya se iba notando que mi amigo acabaría por hacer una gran carrera como fiscal, porque puesto a convencer era capaz de demostrar que era noche cerrada aunque estuviera luciendo un luminoso sol. Así que me convenció para asistir a la proyección del filme desatendiendo mis estudios, y poder comprobar cómo el sujeto de mis amores no acudió a la cita. Pero en mi ceguera decidí juntar a las muchas virtudes que la adornaban la de hacerla una chica estudiosa, que prefería a la diversión cinéfila la reclusión en su casa leyendo algún árido mamotreto legal… Aunque en el fondo me quedaba el reconcome de que lo más probable es que hubiera preferido ir a bailar a una discoteca con sus amigas. En cualquier caso, lo bueno de tener amigos con una visión tan optimista e inmediata de la vida es que puedes disfrutar a su lado de hermosos momentos, y Tiempos Modernos nos brindaba una ocasión perfecta.
         El largometraje, escrito, dirigido y protagonizado por Chaplin en 1936, es a la vez una película de humor y una crítica social a las condiciones laborales que se producen con la industrialización y sus cadenas de montajes. Éstas no pudieron empezar con peores augurios, pues la primera de que se tiene noticia estaba dedicada a la manufactura de fusiles de repetición, en las lejanas tierras de Norteamérica, con lo que ya había experiencia por allá cuando Henry Ford se decidió a lanzar al mercado automóviles como si fueran churros, esos vehículos ruidosos que inundan nuestras ciudades llenándolas de gases invernadero.
         El contrapunto emocional, lleno de ternura, lo pone Paulette Goddard, en un papel de huérfana inocente y soñadora, magia del cine, pues a la sazón ya tenía unos veintiséis años y era la pareja sentimental de Charles. También coprotagonizaría con él su siguiente película “El Gran Dictador”, en 1940, año de gran proliferación de tales especímenes
         Tiempos modernos fue un filme a caballo entre el cine mudo y sonoro. Se incluyeron algunos efectos sonoros en la película, como música, cantantes y  voces provenientes de radios y altavoces así como la sonorización de la actividad de las máquinas. Casi al final del filme canta Chaplin una canción con una letra sin sentido en una mezcla de  francés, italiano e inglés.

         En los “cineforum”, cuando termina la proyección es costumbre que se abra un debate sobre lo visionado, y es digno de admiración la cantidad de disparates que se pueden a veces escuchar, al fin y al cabo cada uno visionamos una película diferente.

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