Diez años habían dado mucho de sí en la
vida de nuestro protagonista y narrador, que se hace llamar Ramón María, más
creo que por homenaje a Valle-Inclán que por partida de bautismo. De la
academia privada había pasado a un instituto de enseñanza secundaria, donde
todo el alumnado eran varones, y con la falta de contacto había perdido su
afición hacia María Eugenia, a la no volvió a ver nunca más. El Instituto era
el Cardenal Cisneros, situado en la calle de los Reyes, junto a la calle San
Bernardo, que desemboca en la Gran Vía. También se puso a entrenar natación en un
club que realizaba las prácticas en Diego de León, hacia el este de Madrid, y
en los veranos impartía cursillos de natación a los niños, ayudando a su
manager. Así que su contacto con el 93 y sus habitantes era cada vez más
reducido, incluida su familia -dormir, comer y estudiar por la noche-, hasta
los feriados había comenzado a salir, bien con compañeros de estudios bien del
deporte.
Además de los estados físicos de la
materia existen los del alma. Igual que en la materia según el grado de calor
que se reciba puede provocar que un
elemento esté en su faceta sólida, líquida o gaseosa, en el conjunto de un ente
social el calor anímico le provocará llegar mediante un periodo de
transformación a un estado de equilibrio duradero.
Lo cierto es que todos los indicativos
anunciaban que la juventud se enfrentaba a lo que se denomina una generación
perdida…
El valor del dinero es una ficción,
pues está sometido a las fluctuaciones de las circunstancias y al albedrio de
quienes manejan los hilos del teatrillo de títeres, ¿cuánto vale un gramo de
coca para una persona que está con el mono, cuánto vale la vida de un
trabajador para un patrón que tiene que entregar una obra a fecha fija, cuánto
vale un paraje de altos valores ecológicos, que se generó a través de siglos,
para un financiero que espera sacar una alta rentabilidad a su destrucción, cuánto
vale la vida de cualquiera para un sicario…?, y así podríamos continuar hasta n
más 1, recordemos que el comienzo de la reflexión fue físico y, por tanto,
fundamentado en las matemáticas.
Una convulsión puede llegar a un estado
de equilibrio estable, lo que de común llamamos democracias modernas,
fundamentadas en la separación de poderes legislativo, jurídico y gubernativo,
que por su propia esencia como ya predijera Aristóteles son manifiestamente
mejorables -en particular si se respetaran las leyes del juego y a ejercitar el
linchamiento no se denominara hacer justicia, cuando le conviene al estadista
de turno-, o conducir a una revolución de cualquier signo, que según la
perspectiva desde la que se enfoque también se puede denominar involución… volvemos
a la disyunción entre la aritmética y el
caos, que, aunque nos pese, debemos de reconocer que es el estado natural de
los fluidos, líquidos o gases… y de muchos entes sociales.
Las alucinaciones con el Víctor Hugo
niño le habían desaparecido, a Ramón María, tan de repente como le vinieron, y
seguramente estuvieron relacionadas con algún trastorno hormonal relacionado
con la pubertad.
La situación económica también había
ido cambiando hacia mejor, gracias sobre todo al turismo extranjero que en las
costas del sur y de levante había hecho necesarias una gran demanda de
construcción de hoteles y apartamentos, que entre otros se habían llevado hacia
Alicante a parte de los Rivas -madre, padre, Susana y Sebastián-, pues los
hermanos mayores solteros tenían por aquí sus ocupaciones y sus novios. Con el
Rivas por antonomasia nunca perdió el contacto a través de cartas y postales, y
cuando regresaban al 93 por Navidades, porque en verano eran los hermanos los
que preferían bajar a refrescarse a las playas.
Esta llegada masiva de forasteros, con
unos hábitos democráticas y unas prácticas liberales, de pensamiento y de
forma, muy diferentes a las que vivíamos contribuyeron a que, al menos en éstas,
el Régimen se fuera haciendo poco a poco más permisivo con las costumbres de
los ciudadanos, aunque, como veremos aún hubo algunos coletazos sangrientos.
Por medio había estado el Mayo francés
del 68, que también supuso una forma distinta de mirar muchas cosas, de la que
ya tendremos tiempo de hablar al comentar algún film. Porque el cine, a pesar
de la entrada del televisor en todas las casas, no había dejado de ser una
forma de obtención de qultura.
Para quien no haya leído El
93 en el 63, o se le fuera del magín su inicio reproduzco esta zona de su Prólogo:
“El 93 era a la sazón una
gran casa de vecindario, que fue cuando se construyó el edificio más grande de
su entorno. La acepción de vecindario debemos considerarla como peyorativa,
pues no implicaba tan sólo una cohabitabilidad sino también un conocimiento y
un trato. Es decir que todo el mundo sabía lo que pasaba en la casa de al lado
por muy pocas ganas que tuviera de enterarse. Esto lo facilitaban el sistema de
escaleras confluyentes en una central que era a la vez alma y pregonero del
edificio, el patio de luces que ponía en relación las viviendas exteriores con
las interiores y las galerías con excusado común.
El por qué un filme se te
queda como poso en la memoria es el producto de muchas circunstancias en muchos
casos ajenas su la propia esencia intrínseca, unas veces se recuerdan las
películas por sus propios valores artísticos, otras por sus actores, otras por
su tema, otras por las personas que te acompañaron en su visionado, otras por
alguna circunstancia que sucedió durante su proyección, otras... llegaríamos a
elaborar una lista interminable. Desgraciadamente para el cine, como arte y
como industria, y para las personas, que
gustan de él como cultura o como espectáculo, cada vez son menos las películas
que se visionan en su medio adecuado, es decir en una sala oscura y rodeado por
otras personas, acompañantes y desconocidos, con lo que cada vez son menores
las posibilidades que una película se te quede grabada en la memoria, antes
bien se te van mezclando escenas, argumentos y hasta intérpretes con anuncios
de bebidas refrescantes, automóviles más o menos contaminantes, y el anuncio de
un próximo evento deportivo en canal privado o en vía abierta…”

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