domingo, 29 de abril de 2012

2 SOBRE LA VIDA CONSIDERADA COMO UN CABARET, VIEJO COMPINCHE.


         Cuando una película tenía un considerable éxito, se hacían los recortes económicos que hicieran falta pero se la iba a ver a un cine de Estreno en la Gran Vía (se seguía llamando de José Antonio -el fundador de la Falange- pero ya nadie hacía caso a esta apreciación y se quedaba con su nombre zarzuelero). Además de la Gran Vía otro área dedicada a cines de estreno era la calle Fuencarral, en el tramo comprendido entre las Glorietas de Quevedo y de Bilbao. En uno de ellos estrenaron “Cabaret”. 

         La costumbre de pasarme por el Rastrillo de Tetuán los domingos por la mañana la seguía manteniendo, unas veces por comprar alguna mercancía que necesitaba y otras tan solo por curiosear y encontrarme con conocidos o familiares, el más allegado mi propio padre, a quien era bien fácil de hallar, en compañía de alguno de sus amigos, en los puestos dedicados a la venta de discos y casettes -gran aficionado a la música mi viejo-, y encontrarle era certificado de recibir una invitación a tomar algo, tazas de caldo en invierno y refrescos en verano, en alguna de las muchas tascas aledañas.

     Pero los jóvenes siempre preferimos la compañía de nuestros contemporáneos y si aparecía alguno por el camino se evitaba pasar por cerca de donde se escuchara música. Pedro Francisco desde la Escuela Pública, cuando llegó a los catorce años, se fue a trabajar de aprendiz en un taller de imprenta que tenía un hermano de su madre, y parece ser que tanto la profesión como sus ansias de prosperar se habían compadreado con sus carácter, porque lejos de dejarse adormecer a la sombra de la protección familiar cuando acabó el Servicio Militar, que era obligatorio para todos los españolitos, se empleó en la rotativa de un periódico de gran tirada. Había engordado un poco y sus rebeldes pelos rubiejos continuaban tan rebeldes como siempre a la par que sus ganas de bromear, tal vez por ello no era capaz de entablar una relación en serio con una chica, y continuaba picoteando de flor en flor, sin esforzarse en nada en prender alguna de ellas en el ojal de su existencia.

         Habíamos comenzado a charlar y curioseábamos por los puestos sin prestar mucha atención a las mercancías cuando comenzó a llover.
         - Será mejor que nos refugiemos en algún bar -sugirió Pedro.
         - Como buen estudiante no tengo un chavo -le expliqué.
         - Yo invito, Ramón, cuando seas juez ya tendrás ocasión de devolverme el favor -siempre tan bromista.
         - Me parece que mis inclinaciones van más bien hacia el lado de abogado laboralista… -siempre tan serio y comedido.
         Con las cervezas nos pusieron como tapa una platito de paella recién hecha con dos cucharillas, y como el compartir plato siempre da confianza la conversación interrumpida por la lluvia giró hacia temas más problemáticos y confidenciales.
         - Con los tiempos que vienen a la profesión que vas a elegir no le va a faltar trabajo, cada vez son más los afiliados a sindicatos y mayores los deseos de que esto cambie de una vez.
         Como la mala costumbre de platicar por aquí es gritando y la taberna estaba abarrotada parecía más bien una sala de grillos y se podía hablar de lo que gustarás sin tener el menor temor a que alguien reparara en el tema, con dificultad podías entender lo que te decía tu interlocutor.
         - Tal vez te parezca una tontería pero la vocación por la defensa me vino como de repente una tarde en que veíamos “Testigo de Cargo” en el cine Carolina…
         - Una tarde inolvidable en la que entre las sombras de la sala salió a la luz el afeminamiento de nuestro vecino Julián, ¡pobre chico!
         - Sí, que mal final tuvo, atropellado por un automóvil en la Dehesa de la Villa, y por allí no pasan muchos vehículos…
         - Pero las curvas son cerradas y tienen muy mala visibilidad.
         - Debía de ir muy despistado para ir por el centro de la calzada…
         - Lo que iba era fumado, en los últimos tiempos se juntaba con gente de cada vez peor calaña, ya sabes hachís y esas cosas. La marginación social produce que cualquiera que tenga alguna inclinación diferente a lo establecido tenga que buscarse unas compañías distintas a lo habitual. ¡Es este puto régimen fascista que cuanto más podrido y moribundo está más ataca las libertades! -sin darse cuenta Pedro había acabado gritando está última frase y me asustó.
         - Baja el tono, por favor -le rogué, pero, conociendo tan bien su carácter, me di cuenta de que por este camino no conseguiría nada, y, como cuando se exaltaba se le hinchaba la cicatriz que le produjo el golpe de la barca verbenera, aproveché para dar un cierto giro a la conversación -. ¿Volviste a tener alucinaciones?
         - ¿Alucinaciones? -me preguntó a su vez un tanto asombrado.
         - Es posible que no lo recuerdes y que fuera producto de la fiebre, porque se te infectó la herida, pero en una ocasión en que te fui a visitar cuando estabas convaleciente me hablaste de un niño que se sentaba a los pies de tu cama y te hablaba en francés…
         - No me jodas, Ramón, el que parece que tienes alucinaciones eres tú, y es que estudias demasiado, y eso no puede ser bueno… Le prometí a mi hermana que la llevaría a ver “Cabaret” esta tarde, ¿por qué no nos acompañas?
         - He oído muy buenas referencias a cerca de esa peli pero ya te he comentado que tengo los bolsillos pelados…
         - Pues yo he hecho esta semana unas horas extras y el dinero me quema en el bolsillo, no se hable más, iremos a la primera sesión.
         Contento de haber conseguido que se le disiparan sus furores sociales acepté la invitación, y disfrutamos de una preciosa película y de la voz y la gracia de Liza Minnelli, la hija del gran director Vicent, que, entre otras, dirigió “El Loco del Pelo Rojo”, dedicada a otro Vicent… Van Gohg.


         Cabaret  es una  película musical estadounidense dirigida por Bob Fosse, un experto en este tipo de filmes, en 1972.
         Está basada en la novela Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood, y fue ganadora de numerosos premios cinematográficos y preservada en el archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
            En el Berlín de inicios de los años 30 tiene lugar una historia de amor entre la bailarina de un local nocturno de moda llamada Sally Bowles (Liza Minnelli) y un estudiante de Cambridge llamado Bryan Roberts (Michael York), con los nazis en pleno auge político con la llegada al gobierno alemán del partido nazi.
         El maestro de ceremonias está interpretado por el actor y cantante  Joel Grey, que ya hiciera el papel en el musical del mismo nombre estrenado en Broadway, en una performance imposible de olvidar.

         En invierno por los madriles ya es noche casi cerrada hacia las seis y media de la tarde, hora a la que salimos del cine… pero la tarde es joven y, si no llueve y la temperatura no es demasiado fría, todo te invita a pasear, así que acompañamos a Lucía, que así se llama la hermana de Pedro Francisco, también un poco rechoncha como él, pero morena, hasta la cercana estación de metro de Bilbao, que como está en la línea 1 la llevaría directa hasta Tetuán, y nosotros decidimos volver hasta el 93 en el coche de san Fernando y disfrutar del paseo rememorando los tiempos pasados.
         - ¿Qué sabes de Rivas? -me preguntó Pedro.
         - Vino con sus padres a pasar las Navidades con sus hermanos.
         - Pues no coincidimos en ningún momento. Ni siquiera pasé la noche en casa, unos amigos me habían invitado a una fiesta, gente del sindicato, y nada más cenar me fui…
         -  Las fiestas ya no son como cuando éramos niños y adolescentes, cada familia la celebra ahora en su propia casa acompañado por su televisor. Aunque el edificio parece estar sólido en lo estructural se está convirtiendo en una ruina humana. Suerte que volviera Rivas… ¡Nos jugamos una partida de ajedrez en un descansillo de la escalera, jajajaja!
         -¡Ja,ja,ja,ja…! -me acompañó Pedro en las risas-, os imagino y no me lo puedo creer.
         - Terele también nos acompañó un rato, y nos trajo una botella de cava, no fue tan aburrido como te lo estás pensando… no hubo nostalgia para nada, sólo una forma distinta de celebración.
         -Terele, que se está quedando para vestir santos, y ha engordado bastante de una parte acá.
         - La vida sedentaria de las oficinas, pero sigue siendo muy guapa.
         - Tuviste una temporada que por Fas o por Nefas no salías de su casa, aunque nunca nos quedó claro si era por ella o por las buenas tartas que elaboraba su tía -siempre tan bromista.
         - Un poco por ambas razones -siempre tan serio.

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