Cuando
una película tenía un considerable éxito, se hacían los recortes económicos que
hicieran falta pero se la iba a ver a un cine de Estreno en la Gran Vía (se
seguía llamando de José Antonio -el fundador de la Falange- pero ya nadie hacía
caso a esta apreciación y se quedaba con su nombre zarzuelero). Además de la
Gran Vía otro área dedicada a cines de estreno era la calle Fuencarral, en el
tramo comprendido entre las Glorietas de Quevedo y de Bilbao. En uno de ellos
estrenaron “Cabaret”.
La costumbre de pasarme por el
Rastrillo de Tetuán los domingos por la mañana la seguía manteniendo, unas
veces por comprar alguna mercancía que necesitaba y otras tan solo por
curiosear y encontrarme con conocidos o familiares, el más allegado mi propio
padre, a quien era bien fácil de hallar, en compañía de alguno de sus amigos, en los puestos
dedicados a la venta de discos y casettes -gran aficionado a la música mi
viejo-, y encontrarle era certificado de recibir una invitación a tomar algo,
tazas de caldo en invierno y refrescos en verano, en alguna de las muchas
tascas aledañas.
Pero los jóvenes siempre preferimos la
compañía de nuestros contemporáneos y si aparecía alguno por el camino se
evitaba pasar por cerca de donde se escuchara música. Pedro Francisco desde la
Escuela Pública, cuando llegó a los catorce años, se fue a trabajar de aprendiz
en un taller de imprenta que tenía un hermano de su madre, y parece ser que
tanto la profesión como sus ansias de prosperar se habían compadreado con sus
carácter, porque lejos de dejarse adormecer a la sombra de la protección
familiar cuando acabó el Servicio Militar, que era obligatorio para todos los
españolitos, se empleó en la rotativa de un periódico de gran tirada. Había
engordado un poco y sus rebeldes pelos rubiejos continuaban tan rebeldes como
siempre a la par que sus ganas de bromear, tal vez por ello no era capaz de
entablar una relación en serio con una chica, y continuaba picoteando de flor
en flor, sin esforzarse en nada en prender alguna de ellas en el ojal de su
existencia.
Habíamos comenzado a charlar y
curioseábamos por los puestos sin prestar mucha atención a las mercancías
cuando comenzó a llover.
- Será mejor que nos refugiemos en
algún bar -sugirió Pedro.
- Como buen estudiante no tengo un
chavo -le expliqué.
- Yo invito, Ramón, cuando seas juez ya
tendrás ocasión de devolverme el favor -siempre tan bromista.
- Me parece que mis inclinaciones van
más bien hacia el lado de abogado laboralista… -siempre tan serio y comedido.
Con las cervezas nos pusieron como tapa
una platito de paella recién hecha con dos cucharillas, y como el compartir
plato siempre da confianza la conversación interrumpida por la lluvia giró
hacia temas más problemáticos y confidenciales.
- Con los tiempos que vienen a la
profesión que vas a elegir no le va a faltar trabajo, cada vez son más los
afiliados a sindicatos y mayores los deseos de que esto cambie de una vez.
Como la mala costumbre de platicar por
aquí es gritando y la taberna estaba abarrotada parecía más bien una sala de
grillos y se podía hablar de lo que gustarás sin tener el menor temor a que
alguien reparara en el tema, con dificultad podías entender lo que te decía tu
interlocutor.
- Tal vez te parezca una tontería pero
la vocación por la defensa me vino como de repente una tarde en que veíamos
“Testigo de Cargo” en el cine Carolina…
- Una tarde inolvidable en la que entre
las sombras de la sala salió a la luz el afeminamiento de nuestro vecino
Julián, ¡pobre chico!
- Sí, que mal final tuvo, atropellado
por un automóvil en la Dehesa de la Villa, y por allí no pasan muchos
vehículos…
- Pero las curvas son cerradas y tienen
muy mala visibilidad.
- Debía de ir muy despistado para ir
por el centro de la calzada…
- Lo que iba era fumado, en los últimos
tiempos se juntaba con gente de cada vez peor calaña, ya sabes hachís y esas
cosas. La marginación social produce que cualquiera que tenga alguna
inclinación diferente a lo establecido tenga que buscarse unas compañías distintas
a lo habitual. ¡Es este puto régimen fascista que cuanto más podrido y
moribundo está más ataca las libertades! -sin darse cuenta Pedro había acabado
gritando está última frase y me asustó.
- Baja el tono, por favor -le rogué,
pero, conociendo tan bien su carácter, me di cuenta de que por este camino no
conseguiría nada, y, como cuando se exaltaba se le hinchaba la cicatriz que le
produjo el golpe de la barca verbenera, aproveché para dar un cierto giro a la
conversación -. ¿Volviste a tener alucinaciones?
- ¿Alucinaciones? -me preguntó a su vez
un tanto asombrado.
- Es posible que no lo recuerdes y que
fuera producto de la fiebre, porque se te infectó la herida, pero en una
ocasión en que te fui a visitar cuando estabas convaleciente me hablaste de un
niño que se sentaba a los pies de tu cama y te hablaba en francés…
- No me jodas, Ramón, el que parece que
tienes alucinaciones eres tú, y es que estudias demasiado, y eso no puede ser
bueno… Le prometí a mi hermana que la llevaría a ver “Cabaret” esta tarde, ¿por
qué no nos acompañas?
- He oído muy buenas referencias a
cerca de esa peli pero ya te he comentado que tengo los bolsillos pelados…
- Pues yo he hecho esta semana unas
horas extras y el dinero me quema en el bolsillo, no se hable más, iremos a la
primera sesión.
Contento de haber conseguido que se le
disiparan sus furores sociales acepté la invitación, y disfrutamos de una
preciosa película y de la voz y la gracia de Liza
Minnelli, la hija del gran director
Vicent, que, entre otras, dirigió “El Loco del Pelo Rojo”, dedicada a otro
Vicent… Van Gohg.
Cabaret es una película
musical estadounidense dirigida por Bob Fosse, un experto en este tipo de filmes, en 1972.
Está basada en la novela Adiós a
Berlín, de Christopher
Isherwood, y fue ganadora
de numerosos premios cinematográficos y preservada en el archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
En el Berlín de inicios de los años 30 tiene lugar una historia de amor entre la
bailarina de un local nocturno de moda llamada Sally Bowles (Liza Minnelli) y un estudiante de Cambridge llamado Bryan Roberts (Michael York), con los nazis en
pleno auge político con la llegada al gobierno alemán del partido nazi.
El maestro de ceremonias está
interpretado por el actor y cantante Joel Grey, que ya hiciera el papel en el musical del mismo nombre
estrenado en Broadway, en una performance imposible de olvidar.
En invierno por los madriles ya es
noche casi cerrada hacia las seis y media de la tarde, hora a la que salimos
del cine… pero la tarde es joven y, si no llueve y la temperatura no es
demasiado fría, todo te invita a pasear, así que acompañamos a Lucía, que así
se llama la hermana de Pedro Francisco, también un poco rechoncha como él, pero
morena, hasta la cercana estación de metro de Bilbao, que como está en la línea
1 la llevaría directa hasta Tetuán, y nosotros decidimos volver hasta el 93 en
el coche de san Fernando y disfrutar del paseo rememorando los tiempos pasados.
- ¿Qué sabes de Rivas? -me preguntó
Pedro.
- Vino con sus padres a pasar las
Navidades con sus hermanos.
- Pues no coincidimos en ningún
momento. Ni siquiera pasé la noche en casa, unos amigos me habían invitado a
una fiesta, gente del sindicato, y nada más cenar me fui…
- Las fiestas ya no son como cuando éramos niños
y adolescentes, cada familia la celebra ahora en su propia casa acompañado por
su televisor. Aunque el edificio parece estar sólido en lo estructural se está
convirtiendo en una ruina humana. Suerte que volviera Rivas… ¡Nos jugamos una
partida de ajedrez en un descansillo de la escalera, jajajaja!
-¡Ja,ja,ja,ja…! -me acompañó Pedro en
las risas-, os imagino y no me lo puedo creer.
- Terele también nos acompañó un rato,
y nos trajo una botella de cava, no fue tan aburrido como te lo estás pensando…
no hubo nostalgia para nada, sólo una forma distinta de celebración.
-Terele, que se está quedando para
vestir santos, y ha engordado bastante de una parte acá.
- La vida sedentaria de las oficinas,
pero sigue siendo muy guapa.
- Tuviste una temporada que por Fas o
por Nefas no salías de su casa, aunque nunca nos quedó claro si era por ella o
por las buenas tartas que elaboraba su tía -siempre tan bromista.
- Un poco por ambas razones -siempre
tan serio.

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