El hotel Don Quijote, en la actualidad
reconvertido en Residencia Militar, está emplazado muy cerca del Polideportivo
de Francos Rodríguez, por lo que era muy fluida la comunicación entre los
empleados deportivos de uno y otro centro. Era un hotel de lujo que disponía de
gimnasio y de piscina climatizada, que además de ser uso para los hospedados
era de utilización pública previo pago de entrada, lo que permitía que tuviera
algo de vidilla, porque en sí era poco utilizada por los que se alojaban allí,
ya que la cultura del agua se encontraba muy poco desarrollada, y todavía quedaban
años para que se pusieran de moda los spas y diversos espacios acuáticos, tipo balnearios, baños turcos, playas artificiales...
A pesar de estar abierta al público
exterior seguía siendo de muy poca utilización y raro era ver en la pileta a
más de tres personas a la vez, lo que para un salvavidas resultaba sumamente
aburrido, así que siempre me quedó la duda de si la boda del hermano era una
disculpa que se había inventado nuestro amigo para librarse de un domingo de
tedio. A media mañana aún hubo algo de actividad, aunque más bien en la zona
del solárium, donde varias señoras se tostaban embadurnadas en cremas
bronceadoras, todavía desinformadas de lo que eran los canceres de piel y que
lo de la vitamina D está muy bien, pero mejor que antes de que se ponga a tiro
para que la asimile la melanina que las radiaciones solares se vean obligadas a
detenerse por alguna barrera de protección, y si el factor de protección es
elevado mucho mejor. La típica contradicción del ser humano, que los negros,
como Mikel Jackson, quieren ser albinos y los de tez blanca tostados, como una guapa
muchacha de unos veintipocos años, que se achicharraba durante un rato al sol,
hasta que el calor la obligaba a refrescarse con un baño, y se removían las
tranquilas aguas del vaso y mi conciencia para vencer el sopor, porque nadaba
bastante regular. “Y en este mundo traidor todos sueñan lo que son aunque
ninguno lo entienda…” decía Pedro Calderón de la Barca.
Porque uno de mis entretenimientos
favoritos cuando la situación era tediosa y la obligación me impedía cambiar de
actividad era repasarme los monólogos de Segismundo… Y también soñar…
“- Mira que si se traga un puche de
agua y la tengo que salvar -cambiaba el monólogo por la actualidad en que vivía-,
y después el boca a boca, y todo eso…”
Tres niños que se zambulleron a la vez,
y nunca supe de donde procedieron, me salpicaron agua regresándome a la
realidad. Y su mamá al diálogo auditivo:
- Usted por aquí, Ramón.
- Ya ve, doña Elena, haciendo una sustitución
a un compañero, y ¿usted?
- Los domingos hay mucha gente en el
polideportivo y los chicos no pueden nadar, así que me los traigo aquí, y de
paso cambiamos un poco de ambiente…
- Este hasta el momento era bastante
aburrido.
“Yo sueño que estoy aquí de estas
prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi…”
Elena tenía una retahíla de hijos, y
una de sus hijas, Raquel, era una de mis alumnas más aventajadas, así que
cuando, entrabado en la plática con ella me desentendí por un momento de la pileta,
fue la hija la que ayudó a Celia, la desconocida tostada, a salir de una
dificultad, y no me resultó difícil entablar amistad con ella, siempre que hay
intermediarios son más fluidas las relaciones entre una hembra y un varón que
se acaban de conocer.
Según me contó después, Celia había
venido al hotel por una cita con alguien que no acudió, y se encontraba un poco
desorientada y sin tener planificado lo que haría por la tarde. Por mi parte,
había quedado con Juan Carlos para ir al cine, así que la invité a acompañarnos.
- La peli que teníamos proyectado ver
se llama “Pasión”, y es de un director sueco, Igmar Bergman, y en versión
inglesa, si quieres buscamos otra alternativa…
- Ya he visto alguna peli suya, en blanco
y negro, una con referencias bíblicas.
- Sí, cuando rompió “El Séptimo Sello”
muy a lo Apocalipsis de San Juan de Patmos… de ésta me contaron que era en
color, y que el director recurre a sus actores habituales. Debe ser una especie
de sicodrama.
La sinopsis que nos dieron a la entrada
del cine tampoco ayudaba mucho a comprender los motivos del argumento: “Andreas
es amigo de una pareja casada, Eva y Elis (amigos mutuos de Anna), que también
están en medio de desórdenes psicológicos. Elis es un fotógrafo que organiza su
trabajo basado en las emociones. Eva siente que Elis se ha cansado de ella y tiene
problemas para dormir. Una noche mientras que Elis está de viaje, Eva visita a
Andreas, que como ella está aburrido y solitario. Escuchan música y beben vino,
lo que les facilita poder hacerse confesiones, y finalmente Eva duerme durante
varias horas. Cuando ella despierta, tienen sexo. Después, explica que, durante
su único embarazo hace años, fue al hospital para tratar su insomnio. La
medicina que le ayudó a su enfermedad mató al niño. Esto les permite tener un
momento de afinidad emocional.”
- Puede que las relaciones que nos
esperan por aquí en el futuro también sean tan complicadas- comentó Juan Carlos
a la salida del cine.
- ¿No os apetece cenar? Yo me muero de
hambre -nos invitó Celia.

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