miércoles, 16 de mayo de 2012

14. DEL CAFÉ DE GIJÓN COMO SUCURSAL DE MONPARNASSE 19


         El grupo de artistas en ciernes que eran amigos de Mariana solía frecuentar el Café de Gijón, situado en el Paseo de Recoletos, no muy lejos de la Fuente de Cibeles. Y en alguna ocasión desembarque con ella allí después de que asistiéramos a una proyección en la Filmoteca.

         El tal café volvía a recuperar un cierto esplendor, acompañando al resurgimiento económico del país, después de haber pasado un largo periodo de progresivo decaimiento, que no había alcanzado ni a su decoración ni a su mobiliario. Debía de hacer décadas que no se habían pintado sus paredes, aunque los muchos dibujos y acuarelas, de artistas de renombre, que las cubrían, sin duda como ofrendas en pago a impagadas facturas, tapaban este defecto. Los veladores, de mármol negro sobre estructura de hierro repujado en forja, debían ser los mismos que en su día usó Valle-Inclán, como la tapicería en terciopelo granate de los bancos corridos con respaldo, lo que se notaba en lo raída que se encontraba en los lugares de más uso, mostrando un colorido más bien rosado en bastantes zonas. Unido a las esbeltas columnas decimonónicas de hierro forjado, que además de contribuir como soporte al edificio de cuatro plantas que se levantaba sobre el local, formaban parte de su decoración, daba al conjunto un aspecto de unión del pasado y el presente muy del agrado de una juventud de artistas que se consideraban a la vez bohemios y progresistas. 
          El grupo de amigos de Mariana había tramado amistad con un pintor ya consagrado, Martín Sáez, que por aquellas fechas exponía sus obras en la Galería Krisler 2, una de las más afamadas de la capital.
         Aquella tarde-noche le encontramos solo, tomándose un café, y tras de las presentaciones nos invitó a acompañarle.
        - Venimos de ver Los amantes de Monparnasse, en la Filmo. Están poniendo un ciclo sobre Jacques Becker -le explicó Mariana.
         - La vi hace tiempo en Paris, es sobre la vida de Modigliani, y dirigida por un gran director, la única pena es esté rodada en blanco y negro, así no se pueden apreciar en todo su esplendor los cuadros del artista -nos comentó Martin.

         Martin tendría a la sazón unos cincuenta y pocos años, con una cierta calvicie, siempre bien vestido y gran conversador, aún no había visto ninguno de sus cuadros pero intuía que sabía lo que se traía entre manos en el campo del arte. Unos días después visitaría la exposición que tenía vigente y desde aquel día continuaríamos una amistad, un tanto intermitente según los diferentes avatares que nos llevaban a uno y otro de acá para allá, hasta el día de su muerte, y que se prolongaría en el afecto hacia su sobrino Fernando, que también se había encaminado por los procelosos vericuetos del Derecho, y hoy es juez.
         - Lo que no sé si conocéis es que su protagonista, Gérard Philipe, también tuvo una muerte prematura, a los treinta y seis años, de un cáncer de hígado, cuando se encontraba en lo más florido de su carrera cinematográfica.
         - Tal vez la película le dio gafe -apuntó Mariana.
       - No creo ni en gafes ni en religiones, pero todo es posible -condescendió Martín.
 
         Los amantes de Montparnasse (Montparnasse 19, rodada en 1958), es un melodrama sobre los últimos años del pintor Modigliani, en una atmósfera del Paris bohemio de la segunda década del siglo XX se narran los amores del artista con sus modelos Beatrice Hastings, representada en la pantalla por Lilli Palmer, y Jeanne Hébuterne, por la bella Anouk Aimée. El 19 hace alusión al año en que se desarrollan los últimos acontecimientos previos a la muerte del también escultor, e introductor del “arte negro” en la cultura europea, de meningitis tuberculosa en su estudio de la calle de la Grande Chaumière, próxima al Boulevard de Montparnasse, que da nombre al barrio.

         - El auténtico gafe es la miseria -apunté.
         - Tiene razón, joven, la tuberculosis es una enfermedad que viene de la mano del hambre, y en la Europa de los años de la Gran Guerra y posteriores la había en abundancia. La compañera sentimental de Pablo Picasso por aquellos años, a la que en sus cuadros del cubismo sintético homenajea con el nombre de Eva, la primera mujer, aunque en realidad ella se llamaba Thérèse, también murió de tuberculosis por aquellas fechas… Tal vez por ello el maestro, aunque tuvo un cierto periodo de adoración al dólar cuando le llegó el éxito y se fue quitando el hambre, tanto físico como de notoriedad, acabara por apuntarse al Partido Comunista y llevar una vida bastante austera al final de su vida…
         - ¿Le conociste en persona? -le interrumpió Mariana.
         - Su casa siempre estaba abierta a cualquier artista joven, y si además llevabas el cuño de la españolidad tenías sitió asegurado en su mesa, lo que a más de uno nos vino muy bien para encontrar relaciones en Paris. Y eso deja huella, así que estáis invitados a lo que gustéis tomar.

martes, 15 de mayo de 2012

13. DE CÓMO CADA 1º DE MAYO SE CONVERTÍAN EN UNA KERMESSE HEROIQUE ATOCHA Y ALEDAÑOS.


         Las manifestaciones públicas reivindicativas, así como los sindicatos de clase y los partidos políticos estaban prohibidos. La llegada masiva de turistas, que suponían la entrada en el país de buenas divisas, había producido que en el ámbito de las costumbres públicas se hubiera producido una cierta apertura, esto también abarcaba a la Cultura y las Artes en general, y al cine en particular, pues aunque la primera atracción fuera el sol y las playas, también había un cierto grupo bastante notorio, que además de la consabida visita al Museo de El Prado, quería disfrutar de unos espectáculos similares a los que tendría en su país de origen, los cines de Arte y Ensayo cumplían esta función de una manera perfecta, pues como además se proyectaban las películas en versión original, como suele decirse: “miel sobre hojuelas”. Pero en lo referente a las libertades públicas de reunión y manifestación los estamentos seguían prohibiendo todo lo prohibible, y los sindicalistas acostumbraban a aprovechar fechas muy señaladas como la Conmemoración del 1º Mayo, para pedir mayores libertades, aún con el riesgo de perder la suya propio y llevarse un batacazo proporcionado por los agentes del orden.

         Como la sede central del llamado “Sindicato Vertical” -extraño espécimen ideado por calenturientas mentes de Régimen, en el que se quería agrupar en un mismo cajón de sastre a obreros y patronos-, se encontraba ubicado en un precioso edificio, obra de los arquitectos Cabrero y Aburto, que, como es inmenso, en la actualidad alberga al Ministerio de Sanidad y, todavía, le queda sitio para ser sede del sindicato Comisiones Obreras -en teoría de adscripción comunista y en la realidad sindicato de servicios-, y está situado cercano a la Estación de Atocha, las octavillas y demás panfletos, convocaban a reunirse en los aledaños de la estación. “A las doce en Atocha”, era la consigna que se repetía año tras año, invitando a la convocatoria.


          Cuando la víspera, camino del 93, me encontré con Pedro Francisco en la boca del metro de Tetuán, controlando que los panfletos que había arrojado, lanzados al aire para que quedaran bien esparcidos, eran recogidos por los usuarios antes de ser retirados por el servicio especial de limpieza que el poder gubernativo montaba al respecto para que no se difundiera la convocatoria, recibí la invitación de forma verbal.
           - Espero verte por allí mañana…
         - Arriesgas demasiado, amigo, ¿quién te dice que cualquiera de los que pasan por aquí no es de la Brigada Político-Social y te detienen por distribución de propaganda subversiva?
         - Me encontrarían limpio, no llevo un papel encima, sólo corro peligro en el momento de traerlos y lanzarlos, y ya procuro que en ese momento esté la calle despejada.
         - Tu verás, pero hasta que no acabe la Carrera no podré ser tu abogado defensor -bromeé.
         - Podríamos quedar e ir juntos -propuso Pedro, sin atender a la broma.
        - He quedado con un amigo de la facultad para ir a la matiné del Bellas Artes, a ver una película que parece interesante: “La Kermesse Heroique”, mejor harías en acompañarnos y dejarte de líos.
         - ¿Estás seguro que tu vocación es ser abogado laboralista?
         - Ya llegan los de la limpieza, mejor nos apartamos de aquí…
        - Sí, como están entretenidos por aquí, cogeré otro paquete y repetiré la actividad en el metro de Estrecho…




         La Kermesse Heroique, conocida también como Carnaval en Flandes, es una coproducción franco-alemana de 1935, por la que su realizador, el belga Jacques Feyder, recibió en el Festival Internacional de Venecia el premio al mejor director. Es una comedia, que a pesar de estar rodada en blanco y negro, se apoya en la pintura de Jan Bruegel el Joven para mostrar el costumbrismo del Flandes del siglo XVII. En una pequeña villa, en tiempos de la dominación española de los Países Bajos, se están preparando para su fiesta anual cuando reciben la noticia de que recibirán la visita del Gobernador de España acompañado de su armada, los célebres Tercios. Cunde el pánico entre los notables y comerciantes que recuerdan pillajes y vandalismos producidos en anteriores visitas. El burgomaestre, que no es muy valeroso, aconseja a la población calma, prudencia y obediencia a los invasores, y que no se celebre el festejo. Pero su esposa, que es una mujer bastante decidida, se reúne con las damas de la población y urden una trama alternativa para que se lleven a cabo las fiestas, que es el desarrollo del film, que se convertirá en una sátira sobre la guerra, el valor y el honor.

        Por supuesto, el compañero de Facultad que me acompañó a la proyección era Dolfo, y todavía nos reíamos y comentábamos las últimas secuencias a la salida del cine cuando nos encontramos envueltos en una nube de humo y griterío por todos los lados. Por lo que se veía la manifestación había tenido en está ocasión más asistencia de la acostumbrada, y en su intento por disolverla los antidisturbios la habían ido ampliando en forma de una mancha de aceite que ya llegaba a la calle de Alcalá, y empleaban botes de humo y pelotas de goma. Queriendo evadirme de los conflictos, éstos se empeñaban en involucrarme en la lucha social…

         Cuando, tras atravesar la calle de Alcalá entre una nube de proyectiles llegados de uno y otro lado, nunca me pareció tan ancha esta calle, y subir por la calle de Barquillo, nos encontramos Dolfo y yo sentados en un banco de la Plaza del Rey, en una atmósfera limpia y rodeados de árboles, sólo se le ocurrió comentar a mi amigo:
-      Esto sí que es una Kermesse…   

lunes, 14 de mayo de 2012

12. DE LAS VARIADAS FORMAS QUE TIENEN LAS MUJERES Y LOS HOMBRES DE ENAMORARSE.



         Otro de los cines que tenía sala de baile en su sótano era el Real Cinema, emplazado en la Plaza de Isabel la Segunda, más conocida como Plaza de Ópera por ubicarse también allí una de las fachadas del Teatro Real, que más que dedicarse al teatro en sí estuvo desde siempre dedicado a la música clásica en sus variadas vertientes. Aunque la fachada principal del Real, como popularmente se le conoce, esté enfrentada con la del Palacio de Oriente, que para seguir con el juego de inexactitudes topológicas se sitúa justo al oeste de la capital. Los bloques de viviendas y oficinas que prolongan está fachada, obra también del arquitecto italiano Sachetti, como el Palacio, tienen forma de arco contribuyendo a establecer una bonita plaza barroca ajardinada, presidida en su centro por la estatua ecuestre de don Felipe el Cuarto, cuyo diseño se atribuye a Velázquez, el estudio de fuerzas para que el caballo esté en posición rampante, apoyado sólo en dos patas y la cola, a Galileo, y la realización del bronce a Felipe Vigarny.

         Bonito lugar para pasear los enamorados en un atardecer primaveral, aunque si las cosas no van bien entre la pareja, también puede ser perfecto para tener alguna disputa. Y entre Clara y yo cada vez eran mayores las diferencias en gustos y forma de plantear un futuro común.

         Salíamos de ver Mujeres Enamoradas, en el Real Cinema, una película del director Inglés Ken Russell, de 1969, basada en la novela de D. H. Lawrence, que ganó un Oscar por Glenda Jackson y rompió el tabú del cine sobre la desnudez frontal masculina. Y como tuvo unos buenos beneficios económicos puso a Russell en una cadena de películas de tema adulto que fueron tan controvertidas como exitosas, entre ellas “La Pasión de Vivir”, sobre la vida de Chaikovski. Le ayudo bastante al gran respaldo que tuvo Mujeres Enamoradas, el que se rodeara de los mejores actores que había por el momento en la isla, Alan Bates y Oliver Reed eran los protagonistas masculinos, y en los papeles femeninos acompañaba a Glenda Jackson haciendo el papel de su hermana Jennie Linden. Seguía bastante al pie de la letra el guión de la novela en el que se entremezclan las relaciones de las hermanas, de caracteres muy diferentes, con sus noviazgos con dos jóvenes amigos que mantienen una estrecha relación, en la que se deja entrever una cierta homosexualidad. Y algún otro episodio de relaciones entre parejas de su entorno para surtir de un amplio abanico de lo complicadas que son las relaciones entre los seres humanos, aunque esté de por medio la amistad o el amor. Glenda, había ganado de nuevo este 73 el óscar a la mejor actriz, con “Un Toque de Clase”, de Melvin Franck, y tal vez ese fuera el motivo de que se repusiera la inspirada en la obra de Lawrece. Llegó a ser una actriz mítica por aquellos años, hasta el punto que Julio Cortázar, entre Rayuela y Rayuela, la dedicara un cuento: “Queremos tanto a Glenda”, que constituye una crítica al desmedido cariño que tienen algunos admiradores hacia los personajes públicos, que les pueden poner en serías dificultades.

         Tal vez lo visionado en la pantalla me ayudó a sincerarme con Clara, y ella que también estaba al tanto de que algo no funcionaba bien en nuestra relación, desde hacía un tiempo, tampoco puso mucho empeño en no se consumara nuestra ruptura.

jueves, 10 de mayo de 2012

11. SOBRE SURCOS EN LA TIERRA, QUE SON SINÓNIMOS DE ARRUGAS EN LA PIEL, Y TELEVISIÓN EN LAS ALTURAS.


         Como las muertes de allegados no suelen venir solas, sino que más bien vienen por tríos, por algo son tres las Parcas, las encargadas de tejer y destejer nuestro destino, el día 8 de abril fallecía en Mougins Pablo Picasso, padre putativo de la pintura de mi amigo Pepu, cumpliendo su promesa de no volver a pisar territorio patrio mientras no se restablecieran las libertades públicas en las Españas. Como había decidido permanecer enclaustrado en casa hasta que terminara mi trabajo sobre el Derecho de Gentes de Francisco de Vitoria, llamé al Colegio Mayor para darle el pésame por teléfono al vanguardista pintor, y él me lo agradeció haciéndome un horrible retrato en la siguiente ocasión en que nos vimos. El retrato lo conservo por cariño hacia a su autor, pero haré todo lo posible porque nunca salga a la luz pública… Para más, me puso una granada, de las que explotan, con la mecha encendida en la mano…
 
         Cuando se tiene que realizar un trabajo más por obligación que por devoción, y además con una fecha de entrega determinada, cualquier disculpa es buena para aplazar su terminación, así que aquellos días me tomé desacostumbradas dosis de televisión.

         Los televisores ya se habían adueñado del lugar más importante en la sala de estar de los hogares, y el nuestro no fue una excepción. Nuestra vecina, doña Josefa, una de las razones que me hacían visionar las pelis memorizando para después poder contárselas, había fallecido, y su marido además de jubilado se había quedado solo, buenos motivos para ser uno de los primeros del vecinos del 93 en tener el aparato de los fuegos fatuos, en primer lugar para que la pantalla le proporcionara compañía, y en segundo para obtener compañía adicional invitando a algún vecino cuando se retrasmitía algún evento excepcional del tipo partido de balompié importante o corrida de toros. Como no me entusiasmaban este tipo de eventos le hice pocas visitas por este motivo, pero en alguna ocasión le hice encender el aparato cuando me enteraba de que iban a poner alguna peli interesante.

         Los informativos hacían todo lo posible por desinformar a la ciudadanía de cuanto acaecía fuera y dentro de las fronteras, los programas de entretenimiento y variedades eran un perfecto somnífero, lo que era de agradecer pues me hacían regresar a la tarea, pero de vez en cuando proyectaban alguna peli interesante, como Surcos, dirigida por José Antonio Nieves Conde en 1951.


        Película de gran dureza ambientada en el Madrid de la postguerra, donde el hambre lleva a algunas personas a la práctica del estraperlo, (venta de mercancías robadas en lo que se denomina como “mercado negro”). Rodada en blanco y negro, sobre un argumento de Eugenio Montes, trata de una familia de campesinos que llega a la ciudad con el propósito de encontrar un horizonte nuevo para sus vidas, pero nada les saldrá como ellos imaginaban. El padre (José Prada) ve como la familia se va desmoronando cada vez más sin poder hacer nada para evitarlo, La madre (María Francés), ve con buenos ojos como se va prosperando sin importarle la procedencia del dinero, ya que Pepe, el hijo mayor (Francisco Arenzana), no encontrando ningún trabajo que le acomode encuentra una salida cómoda, pero de trágicas consecuencias, en el "estraperlo" y según va adquiriendo mejor posición social también se va acrecentando su inmoralidad, Antonia, la hija (Marisa de Leza) encuentra un empleo como criada mientras sueña con abrirse paso en el mundo de la canción, y, cuando ve fracasados sus sueños, se convierte en la amante de un estraperlista, Don Roque, "el Chamberlain" (Félix Dafauce), que acabará por ser el causante de la muerte de Pepe en un ajuste de cuentas en el garaje almacén donde se realizan los "trapicheos". Como contrapunto, Manolo, el hijo menor (Ricardo Lucía), después de diversas peripecias comienza a trabajar en un guiñol y se enamora de la hija del hombre que lo lleva. Una vez enterrado el hijo mayor, la familia se acaba de desbaratar, y el padre y la hija se vuelven al pueblo, en una escena final en que se cruzan en la estación de Atocha con una familia que viene ufana con las mismas intenciones que llegaron ellos.

      Es probable que sea la película española más emparentada con el neorrealismo italiano de los Rossellini y De Sica, y el director no duda de hacer un homenaje explícito a sus maestros cuando lleva a dos de sus protagonistas al cine para ver una película… neorrealista. Por la que más se conoce a Nieves Conde es por Balarrasa, realizada el año anterior a la que nos ocupa, y que más que realista es delirante: El misionero español Javier Mendoza (interpretado por el gran Fernando Fernán Gómez, que lo mismo servía para un roto que para un descosido) se encuentra atrapado en medio de una gran tormenta de nieve en Alaska. Temiendo que ha llegado el fin de sus días, comienza a recordar su vida: Tras la muerte de su madre, el padre se dedica al juego y el propio Javier, conocido como Balarrasa lleva también una vida desenfrenada. Tampoco los otros hermanos, Fernando (Luis Prendes), Lina (Dina Stern) y Maite (María Rosa Salgado) llevan vidas modélicas. Cuando estalla la Guerra civil española, Mendoza incurre en un comportamiento poco heroico que acaba con la vida de un compañero al jugarse a las cartas una guardia que no le corresponde. Impresionado por el suceso, ingresa en el Seminario. Tras reconducir la existencia de sus familiares, emprende una nueva vida como misionero… Una peli habitual en las sobremesas sabatinas televisivas en los sesenta, setenta, ochenta…

         De cómo películas del tipo de Surcos, que eran una clara crítica social sobre lo que llevaba décadas funcionando por aquí, y de cómo también llegó a las pantallas de los televisores el “Acorazado Potemkin” de Einsestein, tarde poco en enterarme, pues en los cursos de natación veraniegos conocí a su responsable: Alfonso Camposdeamor.



martes, 8 de mayo de 2012

10. DE LAS DIFERENTES FORMAS QUE ADOPTA LA MUERTE EN VENECIA Y EN LOS ALEDAÑOS DE MADRID, TANTO DE LA VIDA COMO DEL AMOR.



         Para complicar más mi relación con Clara, al día siguiente acaeció un hecho a la vez trágico e insólito. 

         Aunque no soy muy partidario de las creencias en un más allá, algunos sucesos acaecidos en el más acá se empeñan en que me lo tenga que plantear… Como todos los periódicos de la época se afanaban más en desinformar y crear cortinas de humo que en dar noticias que pudieran dar a la ciudadanía motivos para pensar, el criterio elegido por mi padre para la compra de prensa eran los suplementos artísticos y literarios que pudiera llevar aparejado el papel. Como tampoco los diarios se suplementaban todos los días la mercadería tampoco era cotidiana, entresemana el Informaciones tenía uno magnífico, y se atrevió hasta a publicar en fascículos una Enciclopedia del Siglo XXI, como un compendio de todos los conocimientos que en el mundo de la Ciencia, el Arte y la Tecnología se tenían hasta el momento y que se esperaba eclosionasen en auténticas maravillas en breves años… Como no estaba escrita por videntes no podían saber del amplio desarrollo que tendría la Ecología en los años inmediatos, y no hay ningún tema específico dedicado a ella.

         Los domingos el suplemento del ABC era la estrella, y el periódico que llegaba a casa. Aunque como portavoz intemporal de una monarquía, que de momento era inexistente, y mucho se dudaba que se restaurara algún día, a pesar de que el país llevará el pomposo y trasnochado nombre de Reino de España, era en sus planteamientos bastante carca, y solía leer sólo el magazine, que era muy variado en sus temas y siempre tenía un chiste, o varios,  del genial Antonio Mingote, que compartía también cartel con lo más granado de los cómicos gráficos antirrégimen en las páginas del semanario “La Codorniz”, “La revista más audaz para el lector más inteligente”, y añado que la que más veces tuvo secuestrada su edición por los estamentos públicos, como en aquella ocasión en que la contraportada era un huevo de gallina puesto de pie y el epígrafe decía:”El huevo de Colón (La próxima semana publicaremos la foto del otro huevo)”.

         Pero aquel domingo no sólo se me ocurrió abrir el periódico en sí sino ponerme a leer las esquelas, un apartado que constaba de varias páginas, y allí me encontré, como con un tiro en plena cara, con la noticia: Don Pablo Maruri Maza, muerto en accidente de automóvil. No daba crédito a lo que leía, que yo supiera nunca había tenido coche…

         Como todavía conservaba el teléfono de algunos compañeros del Instituto me puse en contacto con uno de ellos, que sabía había mantenido alguna relación más estrella con él desde los tiempos en que hacíamos teatro leído en el YMCA. La Asociación de Jóvenes Cristianos, tenía una larga trayectoria en los países anglosajones y había sido fundada en Londres a mediados del siglo XIX, pero como su tendencia religiosa era más bien protestante nunca tuvo mucho éxito en la católica España. A finales de los sesenta don Joaquín Ruíz Jiménez, de tendencias políticas demócratas cristianas, que años después sería el primer Defensor del Pueblo cuando se creara esta institución con el restablecimiento de las libertades públicas, introdujo una sección de la organización en el país, y tenían su sede en un apartamento cercano a la Plaza de España, donde, entre otras actividades, se practicaba la lectura leída de obras de teatro que la censura impedían que fueran representadas en los escenarios…

         Tengo el extraño honor de haber sido el Calígula, según la obra teatral de Albert Camus, que aunque vestido con ropa de calle y con el libro en la mano, interpretará por primera vez al personaje sobre una tarima por aquí. Fue en el Teatro Infanta Isabel, por la calle de Barquillo, que las influencias de don Joaquín habían permitido que nos lo cedieran en una mañana dominical, donde, con los decorados de la obra que tenían en ese momento en cartel, se celebró el evento.

         - ¿José Antonio?
         - ¡Caramba, Ramón, cuánto tiempo!
         - ¿Es cierto lo de la muerte de don Pablo?
         - Por desgracia lo es… Ahora estoy almorzando con mi familia porque he quedado con unos amigos para ir a la primera sesión de cine, si quieres nos acompañas y ya te cuento después.
         - ¿Qué vais a ver?
         - Muerte en Venecia, en el Marqués de Urquijo, aquí, cerca de casa.
         - Ya la he visto y, además todavía no he comido, si acaso te espero a la salida del cine.
         - Si la proyección termina antes de que hayas llegado te aguardaré, ¡qué alegría volver a saber de ti!


          Muerte en Venecia (título original: Morte a Venezia) es una película franco-italiana dirigida por Luchino Visconti. Adapta la novela corta La muerte en Venecia del escritor alemán Thomas Mann.
         Esta cinta, una de las últimas obras del director de Rocco y sus hermanos, Senso y El gatopardo, fue nominada al Oscar al mejor vestuario. Es una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnada en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.
         A principios del siglo XX, el compositor Gustav von Aschenbach (Dirk Bogarde) muy delicado de salud huye a un breve descanso en Venecia. Huye de su país (posiblemente Baviera), del dolor de haber perdido a su hija y del fracaso de su matrimonio y su última obra. Huye de su mujer, de las discusiones con su amigo intelectual y se aleja de la severidad teutona, en resumidas cuentas huye de su vida. Aquejado de una grave enfermedad, sabe que le queda poco tiempo de vida.
         En la decadente e inspiradora ciudad de los canales, se enamorará de Tadzio, un adolescente polaco de ascendencia noble y sobrecogedora belleza. Su madre está encarnada por Silvana Mangano. Obsesivamente vagará contemplando la inalcanzable belleza de Tadzio y de la propia Venecia, sumergiéndose en la decadencia de una ciudad que no admite estar condenada por una epidemia de cólera y al igual que él trata de huir de su propia decadencia. Finalmente Aschenbach sufre un ataque al corazón en la playa, y mientras él va a su inexorable encuentro con la muerte observa como el bello Tadzio se aleja iluminado por el sol mientras suenan los acordes del último movimiento de la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler.

         - El café Viena no está muy lejos podemos tomar algo allí mientras te pongo al corriente, como sabes procedía de tierras vascas, y tienen intención de enterrarle en el panteón familiar.
         Como llegué tarde a la cita se había despedido de los amigos que le acompañaron a ver la viscontiana película, y caminábamos solos entre las últimas luces del atardecer rumbo a la cercana cafetería, poniéndonos al corriente de nuestras respectivas actividades desde que dejamos el instituto. La fisonomía de José Antonio tenía un cierto parecido con la de mi gran amigo de siempre, Rivas, quizá por ello siempre me había llevado muy bien con él.

         El café Viena, situado cerca del Paseo de Rosales, estaba decorado en verdes y, por aquella época, sufría un periodo de deterioro progresivo, después de haber vivido muchos años de esplendor. La sinusoide existencial, que además de a las personas afecta a las empresas, los locales…
        Ante sendos cafés con leche, rodeados por algunas parejas de ancianos, que hacían su merienda, también era pastelería, y lo sigue siendo. ahora remozada como Viena Capellani, me fui enterando de los últimos avatares en la vida de nuestro antiguo profesor de Historia del Arte, pues desde el fracaso asistencial de nuestro Calígula había dejado de tener relación con él, y este tema también salió a relucir en la conversación.
         - Era normal que no hubiera mucha concurrencia, no se hizo ninguna propaganda y el acceso se hizo por invitación, de haber tenido más difusión seguro que se hubiera prohibido el acto.
         - Creo que estábamos más gente sobre el escenario que en el patio de butacas…
         - Pero un público bien distinguido… algunos de nuestros compañeros del instituto y jovenzuelos del YMCA -bromeó José Antonio.
         - Y nuestro profe don Pablo… que me felicitó con mucha efusión al terminar el acto,  ¿me cuentas ya como sucedió?
         Y mi excompañero de aulas empleó el flashback para relatármelo, con alguna que otra objeción admirativa por mi parte.
         - Venían de merendar en Chinchón en el utilitario de su novia…
         - ¿Novia? Siempre consideramos que era de la acera de enfrente.
     - Ya ves, lo mismo que las autoridades académicas, que lo medio expulsaron del Cardenal Cisneros por las dudas y… por lo del affaire de los delegados de curso de quinto que les cedisteis amablemente el salón de actos del instituto a los universitarios de Derecho para que dieran una conferencia sobre Mao…
         - No teníamos ni la más remota idea de quién era tal individuo, tal vez el ansia de nuevos conocimientos nos llevara demasiado lejos -bromeé -, pero sigue con lo de don Pablo.
         - El coche lo conducía ella, ya sabes que la carretera de Chinchón hasta que se llega a la nacional de Andalucía es de doble circulación, muy angosta y llena de vueltas y revueltas…
         -  Alguna vez he ido a almorzar allí, a las preciosas galerías porticadas de su Plaza Mayor, que también se reconvierte en plaza de toros cuando hay festejos, y que ha hecho universalmente popular la peli “La vuelta al mundo en ochenta días”, con Cantinflas toreando una vaquilla. Una carretera muy peligrosa, llena de puertecillos.
         - Pues en uno de ellos, un camión que venía en dirección opuesta se les echó encima y, para no chocar contra él, ella debió de dar un volantazo y el automóvil rodó por un barranco. Don Pablo debió de morir en el acto y ella se encuentra hospitalizada con las piernas rotas.
        - ¡Qué fuerte! No me acabo de hacer a la idea de que tuviera una pareja femenina.
         - A través de lo del teatro leído seguí en contacto con él. Encontramos un filón en Samuel Becker y el teatro del absurdo, pues requería pocos personajes y casi nulos decorados, “Final de Partida” y cosas así. Como era un profesor muy preparado y de amplios conocimientos cuando le recomendaron que abandonara nuestro instituto encontró una plaza en el más cercano, el Lope de Vega…
       - El de las colegialas con las que tonteábamos por los jardines de Sabatini, a la sombra del Palacio Real, cuando hacíamos pellas.
         - Pues una de esas chavalinas que cursaba Preu se hizo un hueco en su corazón y le hizo feliz estos últimos años. Se debían de llevar treinta años o más…
         - Esto del amor tiene cosas muy extrañas, y de alguna manera este suceso me está ayudando a clarificar mis propios sentimientos en una relación sobre la que tengo mis dudas en proseguir.

lunes, 7 de mayo de 2012

9. SOBRE LA NARANJA MECÁNICA Y LA MECÁNICA DE LAS NARANJAS.



             - ¿Todavía no la has visto? - me preguntó Dolfo.
         Se refería a la película “La Naranja Mecánica”, de Stanley Kubrik, que por aquellas fechas estaba teniendo un gran éxito en el cine “Cid Campeador”, lo que suponía una excepción a lo habitual en las salas de Arte y Ensayo.
         - No he tenido ocasión, ando muy ocupado con los estudios, y, además, me han dicho que se forman largas colas y no es fácil encontrar localidades.
         - Según y cómo, dado el éxito se han sacado de la manga sesiones matinales también los sábados. Tengo intención de volver a verla, si te apuntas el próximo fin de semana…
         - No creo que pueda, hay exámenes a la vista… y además está “la tercera palabra”: falta de liquidez. Tengo los bolsillos más vacíos que el estómago de Carpanta.
         - No me jodas, Ramón, lo mismo que el personaje del tebeo siempre acaba por encontrar algo que engullir ya podrás buscar la forma de encontrar algunas monedas para sacar la entrada… La película es de Kubrik, el fenómeno que dirigió “Spartacus”…
         - Y, por supuesto, en inglés…
         - ¿Tu afición por el francés tiene algún otro motivo diferente a que tu amiga Mariana esté estudiando su filología? - bromeó Delfo.
         - La estudie como segunda lengua en el Bachillerato -le respondí sin hacer caso a su chanza.
         - Doy por hecho que te refieres al idioma y no a la de tu amiga, porque por entonces todavía no la conocías, jajajaja -siempre igual el insensato de Delfo.
         - ¡Eres insoportable, querido! -me obligó a exclamar.
         Como ya dije con anterioridad Delfo acabó por ser un gran fiscal… y como, por mi parte, tampoco soy tan mal abogado defensor nos acompañó Mariana a la  proyección en la matiné del siguiente sábado.

 
         A Clockwork Orange (conocida como Naranja mecánica o La naranja mecánica) es una adaptación fílmica de la novela homónima de 1962, escrita por Anthony Burgess. La película, que fue filmada en Inglaterra, muestra al personaje Alex DeLarge (Malcolm McDowell), un delincuente psicópata y carismático, cuyos placeres son la música clásica (especialmente Beethoven), la violación y la ultra-violencia. Lidera una banda de matones (Pete, George y Dim), a los que llama drugos (del término ruso друг, amigo, colega), con los que comete una serie de violentas fechorías. Es capturado, y se le intenta rehabilitar a través de una técnica de psicología conductista. Alex narra la mayor parte del filme en nadsat, una jerga adolescente ficticia que combina lengua eslava (especialmente ruso), inglés y la jerga rimada cockney.

       Los exteriores están rodados en un barrio de Londres de una arquitectura muy moderna, para la época, con lo que el autor quiere dar al film un cierto ambiente futurista, a lo que contribuye también el vestuario de los actores y el diseño de los interiores. Una vez más Kubrick sigue poniendo la vista en ese, para él, mítico 2001, que al final resultó ser, para los europeos, más una Odisea de los Bolsillos, con el cambio a la moneda única, el euro, que hizo aumentar el coste de los productos de una manera exponencial, que cualquier otro tipo de aventura.

         La película se caracteriza por sus contenidos violentos (entre los que destaca la violación de una mujer con una nariz pico de marabú, del tipo de las que se usan como máscaras en el Carnaval de Venecia), que facilitan una crítica social en psiquiatría, el pandillerismo juvenil, las teorías conductistas en psicología y otros tópicos ubicados en una sociedad futurista distópica. Su banda sonora está principalmente compuesta por pasajes de música clásica, varios de ellos reinterpretados y en ocasiones, como en el caso de los títulos de crédito, adaptados por la compositora Wendy Carlos utilizando el sintetizador Moog.

         Un plato demasiado fuerte para una matiné sabatina, que me invitó a quedarme en casa a estudiar aquella tarde, porque además recordé que antes de las vacaciones de Semana Santa debía entregar un trabajo académico que llevaba bastante atrasado, de Derecho Internacional, sobre la figura del padre Vitoria, y disculparme por teléfono con Clara para romper con la cita que habíamos acordado la semana anterior. Ella fue muy comprensiva con mi problema, pero un cierto tono en su voz me dio muestras de que comenzaba a tener un cierto mosqueo respecto de nuestra relación y que algo no marchaba muy bien.
-  Puedes acompañar a Sole y Pedro al baile, si no te quieres quedar en casa aburrida…
-  Ya veré lo que hago, comprenderás que no es lo mismo ir acompañada que de carabina -medio bromeó.
-      Te echaré de menos, ya nos vemos mañana, besos.
-    También yo a ti, ya nos vemos, besos.