martes, 8 de mayo de 2012

10. DE LAS DIFERENTES FORMAS QUE ADOPTA LA MUERTE EN VENECIA Y EN LOS ALEDAÑOS DE MADRID, TANTO DE LA VIDA COMO DEL AMOR.



         Para complicar más mi relación con Clara, al día siguiente acaeció un hecho a la vez trágico e insólito. 

         Aunque no soy muy partidario de las creencias en un más allá, algunos sucesos acaecidos en el más acá se empeñan en que me lo tenga que plantear… Como todos los periódicos de la época se afanaban más en desinformar y crear cortinas de humo que en dar noticias que pudieran dar a la ciudadanía motivos para pensar, el criterio elegido por mi padre para la compra de prensa eran los suplementos artísticos y literarios que pudiera llevar aparejado el papel. Como tampoco los diarios se suplementaban todos los días la mercadería tampoco era cotidiana, entresemana el Informaciones tenía uno magnífico, y se atrevió hasta a publicar en fascículos una Enciclopedia del Siglo XXI, como un compendio de todos los conocimientos que en el mundo de la Ciencia, el Arte y la Tecnología se tenían hasta el momento y que se esperaba eclosionasen en auténticas maravillas en breves años… Como no estaba escrita por videntes no podían saber del amplio desarrollo que tendría la Ecología en los años inmediatos, y no hay ningún tema específico dedicado a ella.

         Los domingos el suplemento del ABC era la estrella, y el periódico que llegaba a casa. Aunque como portavoz intemporal de una monarquía, que de momento era inexistente, y mucho se dudaba que se restaurara algún día, a pesar de que el país llevará el pomposo y trasnochado nombre de Reino de España, era en sus planteamientos bastante carca, y solía leer sólo el magazine, que era muy variado en sus temas y siempre tenía un chiste, o varios,  del genial Antonio Mingote, que compartía también cartel con lo más granado de los cómicos gráficos antirrégimen en las páginas del semanario “La Codorniz”, “La revista más audaz para el lector más inteligente”, y añado que la que más veces tuvo secuestrada su edición por los estamentos públicos, como en aquella ocasión en que la contraportada era un huevo de gallina puesto de pie y el epígrafe decía:”El huevo de Colón (La próxima semana publicaremos la foto del otro huevo)”.

         Pero aquel domingo no sólo se me ocurrió abrir el periódico en sí sino ponerme a leer las esquelas, un apartado que constaba de varias páginas, y allí me encontré, como con un tiro en plena cara, con la noticia: Don Pablo Maruri Maza, muerto en accidente de automóvil. No daba crédito a lo que leía, que yo supiera nunca había tenido coche…

         Como todavía conservaba el teléfono de algunos compañeros del Instituto me puse en contacto con uno de ellos, que sabía había mantenido alguna relación más estrella con él desde los tiempos en que hacíamos teatro leído en el YMCA. La Asociación de Jóvenes Cristianos, tenía una larga trayectoria en los países anglosajones y había sido fundada en Londres a mediados del siglo XIX, pero como su tendencia religiosa era más bien protestante nunca tuvo mucho éxito en la católica España. A finales de los sesenta don Joaquín Ruíz Jiménez, de tendencias políticas demócratas cristianas, que años después sería el primer Defensor del Pueblo cuando se creara esta institución con el restablecimiento de las libertades públicas, introdujo una sección de la organización en el país, y tenían su sede en un apartamento cercano a la Plaza de España, donde, entre otras actividades, se practicaba la lectura leída de obras de teatro que la censura impedían que fueran representadas en los escenarios…

         Tengo el extraño honor de haber sido el Calígula, según la obra teatral de Albert Camus, que aunque vestido con ropa de calle y con el libro en la mano, interpretará por primera vez al personaje sobre una tarima por aquí. Fue en el Teatro Infanta Isabel, por la calle de Barquillo, que las influencias de don Joaquín habían permitido que nos lo cedieran en una mañana dominical, donde, con los decorados de la obra que tenían en ese momento en cartel, se celebró el evento.

         - ¿José Antonio?
         - ¡Caramba, Ramón, cuánto tiempo!
         - ¿Es cierto lo de la muerte de don Pablo?
         - Por desgracia lo es… Ahora estoy almorzando con mi familia porque he quedado con unos amigos para ir a la primera sesión de cine, si quieres nos acompañas y ya te cuento después.
         - ¿Qué vais a ver?
         - Muerte en Venecia, en el Marqués de Urquijo, aquí, cerca de casa.
         - Ya la he visto y, además todavía no he comido, si acaso te espero a la salida del cine.
         - Si la proyección termina antes de que hayas llegado te aguardaré, ¡qué alegría volver a saber de ti!


          Muerte en Venecia (título original: Morte a Venezia) es una película franco-italiana dirigida por Luchino Visconti. Adapta la novela corta La muerte en Venecia del escritor alemán Thomas Mann.
         Esta cinta, una de las últimas obras del director de Rocco y sus hermanos, Senso y El gatopardo, fue nominada al Oscar al mejor vestuario. Es una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnada en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.
         A principios del siglo XX, el compositor Gustav von Aschenbach (Dirk Bogarde) muy delicado de salud huye a un breve descanso en Venecia. Huye de su país (posiblemente Baviera), del dolor de haber perdido a su hija y del fracaso de su matrimonio y su última obra. Huye de su mujer, de las discusiones con su amigo intelectual y se aleja de la severidad teutona, en resumidas cuentas huye de su vida. Aquejado de una grave enfermedad, sabe que le queda poco tiempo de vida.
         En la decadente e inspiradora ciudad de los canales, se enamorará de Tadzio, un adolescente polaco de ascendencia noble y sobrecogedora belleza. Su madre está encarnada por Silvana Mangano. Obsesivamente vagará contemplando la inalcanzable belleza de Tadzio y de la propia Venecia, sumergiéndose en la decadencia de una ciudad que no admite estar condenada por una epidemia de cólera y al igual que él trata de huir de su propia decadencia. Finalmente Aschenbach sufre un ataque al corazón en la playa, y mientras él va a su inexorable encuentro con la muerte observa como el bello Tadzio se aleja iluminado por el sol mientras suenan los acordes del último movimiento de la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler.

         - El café Viena no está muy lejos podemos tomar algo allí mientras te pongo al corriente, como sabes procedía de tierras vascas, y tienen intención de enterrarle en el panteón familiar.
         Como llegué tarde a la cita se había despedido de los amigos que le acompañaron a ver la viscontiana película, y caminábamos solos entre las últimas luces del atardecer rumbo a la cercana cafetería, poniéndonos al corriente de nuestras respectivas actividades desde que dejamos el instituto. La fisonomía de José Antonio tenía un cierto parecido con la de mi gran amigo de siempre, Rivas, quizá por ello siempre me había llevado muy bien con él.

         El café Viena, situado cerca del Paseo de Rosales, estaba decorado en verdes y, por aquella época, sufría un periodo de deterioro progresivo, después de haber vivido muchos años de esplendor. La sinusoide existencial, que además de a las personas afecta a las empresas, los locales…
        Ante sendos cafés con leche, rodeados por algunas parejas de ancianos, que hacían su merienda, también era pastelería, y lo sigue siendo. ahora remozada como Viena Capellani, me fui enterando de los últimos avatares en la vida de nuestro antiguo profesor de Historia del Arte, pues desde el fracaso asistencial de nuestro Calígula había dejado de tener relación con él, y este tema también salió a relucir en la conversación.
         - Era normal que no hubiera mucha concurrencia, no se hizo ninguna propaganda y el acceso se hizo por invitación, de haber tenido más difusión seguro que se hubiera prohibido el acto.
         - Creo que estábamos más gente sobre el escenario que en el patio de butacas…
         - Pero un público bien distinguido… algunos de nuestros compañeros del instituto y jovenzuelos del YMCA -bromeó José Antonio.
         - Y nuestro profe don Pablo… que me felicitó con mucha efusión al terminar el acto,  ¿me cuentas ya como sucedió?
         Y mi excompañero de aulas empleó el flashback para relatármelo, con alguna que otra objeción admirativa por mi parte.
         - Venían de merendar en Chinchón en el utilitario de su novia…
         - ¿Novia? Siempre consideramos que era de la acera de enfrente.
     - Ya ves, lo mismo que las autoridades académicas, que lo medio expulsaron del Cardenal Cisneros por las dudas y… por lo del affaire de los delegados de curso de quinto que les cedisteis amablemente el salón de actos del instituto a los universitarios de Derecho para que dieran una conferencia sobre Mao…
         - No teníamos ni la más remota idea de quién era tal individuo, tal vez el ansia de nuevos conocimientos nos llevara demasiado lejos -bromeé -, pero sigue con lo de don Pablo.
         - El coche lo conducía ella, ya sabes que la carretera de Chinchón hasta que se llega a la nacional de Andalucía es de doble circulación, muy angosta y llena de vueltas y revueltas…
         -  Alguna vez he ido a almorzar allí, a las preciosas galerías porticadas de su Plaza Mayor, que también se reconvierte en plaza de toros cuando hay festejos, y que ha hecho universalmente popular la peli “La vuelta al mundo en ochenta días”, con Cantinflas toreando una vaquilla. Una carretera muy peligrosa, llena de puertecillos.
         - Pues en uno de ellos, un camión que venía en dirección opuesta se les echó encima y, para no chocar contra él, ella debió de dar un volantazo y el automóvil rodó por un barranco. Don Pablo debió de morir en el acto y ella se encuentra hospitalizada con las piernas rotas.
        - ¡Qué fuerte! No me acabo de hacer a la idea de que tuviera una pareja femenina.
         - A través de lo del teatro leído seguí en contacto con él. Encontramos un filón en Samuel Becker y el teatro del absurdo, pues requería pocos personajes y casi nulos decorados, “Final de Partida” y cosas así. Como era un profesor muy preparado y de amplios conocimientos cuando le recomendaron que abandonara nuestro instituto encontró una plaza en el más cercano, el Lope de Vega…
       - El de las colegialas con las que tonteábamos por los jardines de Sabatini, a la sombra del Palacio Real, cuando hacíamos pellas.
         - Pues una de esas chavalinas que cursaba Preu se hizo un hueco en su corazón y le hizo feliz estos últimos años. Se debían de llevar treinta años o más…
         - Esto del amor tiene cosas muy extrañas, y de alguna manera este suceso me está ayudando a clarificar mis propios sentimientos en una relación sobre la que tengo mis dudas en proseguir.

1 comentario:

  1. Conocí a "Maruri", así lo llamábamos, en el 68. Era buen profesor, apasionado y algo "bailón" en la tarima. No aburría. No sabía de su muerte en accidente. Comencé a pintar ese año. Algo tendría que ver el profesor de Arte con mis pinceles.

    ResponderEliminar