Para complicar más mi relación con
Clara, al día siguiente acaeció un hecho a la vez trágico e insólito.
Aunque no soy muy partidario de las
creencias en un más allá, algunos sucesos acaecidos en el más acá se empeñan en
que me lo tenga que plantear… Como todos los periódicos de la época se afanaban
más en desinformar y crear cortinas de humo que en dar noticias que pudieran
dar a la ciudadanía motivos para pensar, el criterio elegido por mi padre para
la compra de prensa eran los suplementos artísticos y literarios que pudiera
llevar aparejado el papel. Como tampoco los diarios se suplementaban todos los
días la mercadería tampoco era cotidiana, entresemana el Informaciones tenía
uno magnífico, y se atrevió hasta a publicar en fascículos una Enciclopedia del
Siglo XXI, como un compendio de todos los conocimientos que en el mundo de la
Ciencia, el Arte y la Tecnología se tenían hasta el momento y que se esperaba
eclosionasen en auténticas maravillas en breves años… Como no estaba escrita
por videntes no podían saber del amplio desarrollo que tendría la Ecología en
los años inmediatos, y no hay ningún tema específico dedicado a ella.
Los domingos el suplemento del ABC era
la estrella, y el periódico que llegaba a casa. Aunque como portavoz intemporal
de una monarquía, que de momento era inexistente, y mucho se dudaba que se
restaurara algún día, a pesar de que el país llevará el pomposo y trasnochado
nombre de Reino de España, era en sus planteamientos bastante carca, y solía
leer sólo el magazine, que era muy variado en sus temas y siempre tenía un
chiste, o varios, del genial Antonio Mingote,
que compartía también cartel con lo más granado de los cómicos gráficos
antirrégimen en las páginas del semanario “La Codorniz”, “La revista más audaz
para el lector más inteligente”, y añado que la que más veces tuvo secuestrada
su edición por los estamentos públicos, como en aquella ocasión en que la
contraportada era un huevo de gallina puesto de pie y el epígrafe decía:”El
huevo de Colón (La próxima semana publicaremos la foto del otro huevo)”.
Pero aquel domingo no sólo se me
ocurrió abrir el periódico en sí sino ponerme a leer las esquelas, un apartado
que constaba de varias páginas, y allí me encontré, como con un tiro en plena
cara, con la noticia: Don Pablo Maruri Maza, muerto en accidente de automóvil.
No daba crédito a lo que leía, que yo supiera nunca había tenido coche…
Como todavía conservaba el teléfono de
algunos compañeros del Instituto me puse en contacto con uno de ellos, que
sabía había mantenido alguna relación más estrella con él desde los tiempos en
que hacíamos teatro leído en el YMCA. La Asociación de Jóvenes Cristianos,
tenía una larga trayectoria en los países anglosajones y había sido fundada en
Londres a mediados del siglo XIX, pero como su tendencia religiosa era más bien
protestante nunca tuvo mucho éxito en la católica España. A finales de los
sesenta don Joaquín Ruíz Jiménez, de tendencias políticas demócratas
cristianas, que años después sería el primer Defensor del Pueblo cuando se
creara esta institución con el restablecimiento de las libertades públicas,
introdujo una sección de la organización en el país, y tenían su sede en un
apartamento cercano a la Plaza de España, donde, entre otras actividades, se
practicaba la lectura leída de obras de teatro que la censura impedían que
fueran representadas en los escenarios…
Tengo el extraño honor de haber sido el
Calígula, según la obra teatral de Albert Camus, que aunque vestido con ropa de
calle y con el libro en la mano, interpretará por primera vez al personaje
sobre una tarima por aquí. Fue en el Teatro Infanta Isabel, por la calle de
Barquillo, que las influencias de don Joaquín habían permitido que nos lo
cedieran en una mañana dominical, donde, con los decorados de la obra que
tenían en ese momento en cartel, se celebró el evento.
- ¿José Antonio?
- ¡Caramba, Ramón, cuánto tiempo!
- ¿Es cierto lo de la muerte de don
Pablo?
- Por desgracia lo es… Ahora estoy
almorzando con mi familia porque he quedado con unos amigos para ir a la
primera sesión de cine, si quieres nos acompañas y ya te cuento después.
- ¿Qué vais a ver?
- Muerte en Venecia, en el Marqués de
Urquijo, aquí, cerca de casa.
- Ya la he visto y, además todavía no
he comido, si acaso te espero a la salida del cine.
- Si la proyección termina antes de que
hayas llegado te aguardaré, ¡qué alegría volver a saber de ti!
Muerte
en Venecia (título original: Morte a Venezia) es
una película franco-italiana dirigida
por Luchino
Visconti. Adapta la novela corta La muerte en Venecia
del escritor alemán Thomas
Mann.
Esta cinta, una de las últimas obras
del director de Rocco
y sus hermanos, Senso y El
gatopardo, fue
nominada al Oscar al mejor vestuario. Es una disquisición
estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnada en el
personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del
protagonista.
A principios del siglo XX, el
compositor Gustav von Aschenbach (Dirk
Bogarde) muy delicado de salud huye a un breve descanso en Venecia. Huye de
su país (posiblemente Baviera), del dolor de haber perdido a su hija y
del fracaso de su matrimonio y su última obra. Huye de su mujer, de las
discusiones con su amigo intelectual y se aleja de la severidad teutona, en
resumidas cuentas huye de su vida. Aquejado de una grave enfermedad, sabe que
le queda poco tiempo de vida.
En la decadente e inspiradora ciudad de
los canales, se enamorará de Tadzio, un adolescente polaco de ascendencia noble
y sobrecogedora belleza. Su madre está encarnada por Silvana Mangano. Obsesivamente vagará contemplando la
inalcanzable belleza de Tadzio y de la propia Venecia, sumergiéndose en la
decadencia de una ciudad que no admite estar condenada por una epidemia de
cólera y al igual que él trata de huir de su propia decadencia. Finalmente
Aschenbach sufre un ataque al corazón en la playa, y mientras él va a su
inexorable encuentro con la muerte observa como el bello Tadzio se aleja
iluminado por el sol mientras suenan los acordes del último movimiento de la 5ª
Sinfonía de Gustav Mahler.
- El café Viena no está muy lejos
podemos tomar algo allí mientras te pongo al corriente, como sabes procedía de
tierras vascas, y tienen intención de enterrarle en el panteón familiar.
Como llegué tarde a la cita se había
despedido de los amigos que le acompañaron a ver la viscontiana película, y
caminábamos solos entre las últimas luces del atardecer rumbo a la cercana
cafetería, poniéndonos al corriente de nuestras respectivas actividades desde
que dejamos el instituto. La fisonomía de José Antonio tenía un cierto parecido
con la de mi gran amigo de siempre, Rivas, quizá por ello siempre me había
llevado muy bien con él.
El café Viena, situado cerca del Paseo
de Rosales, estaba decorado en verdes y, por aquella época, sufría un periodo
de deterioro progresivo, después de haber vivido muchos años de esplendor. La
sinusoide existencial, que además de a las personas afecta a las empresas, los
locales…
Ante sendos cafés con leche, rodeados
por algunas parejas de ancianos, que hacían su merienda, también era
pastelería, y lo sigue siendo. ahora remozada como Viena Capellani, me fui
enterando de los últimos avatares en la vida de nuestro antiguo profesor de
Historia del Arte, pues desde el fracaso asistencial de nuestro Calígula había
dejado de tener relación con él, y este tema también salió a relucir en la
conversación.
- Era normal que no hubiera mucha
concurrencia, no se hizo ninguna propaganda y el acceso se hizo por invitación,
de haber tenido más difusión seguro que se hubiera prohibido el acto.
- Creo que estábamos más gente sobre el
escenario que en el patio de butacas…
- Pero un público bien distinguido…
algunos de nuestros compañeros del instituto y jovenzuelos del YMCA -bromeó
José Antonio.
- Y nuestro profe don Pablo… que me felicitó con mucha efusión al terminar el acto, ¿me
cuentas ya como sucedió?
Y mi excompañero de aulas empleó el flashback
para relatármelo, con alguna que otra objeción admirativa por mi parte.
- Venían de merendar en Chinchón en el
utilitario de su novia…
- ¿Novia? Siempre consideramos que era
de la acera de enfrente.
- Ya ves, lo mismo que las autoridades
académicas, que lo medio expulsaron del Cardenal Cisneros por las dudas y… por
lo del affaire de los delegados de curso de quinto que les cedisteis amablemente
el salón de actos del instituto a los universitarios de Derecho para que dieran
una conferencia sobre Mao…
- No teníamos ni la más remota idea de quién
era tal individuo, tal vez el ansia de nuevos conocimientos nos llevara
demasiado lejos -bromeé -, pero sigue con lo de don Pablo.
- El coche lo conducía ella, ya sabes
que la carretera de Chinchón hasta que se llega a la nacional de Andalucía es
de doble circulación, muy angosta y llena de vueltas y revueltas…
- Alguna vez he ido a almorzar allí, a las preciosas
galerías porticadas de su Plaza Mayor, que también se reconvierte en plaza de
toros cuando hay festejos, y que ha hecho universalmente popular la peli “La
vuelta al mundo en ochenta días”, con Cantinflas toreando una vaquilla. Una
carretera muy peligrosa, llena de puertecillos.
- Pues en uno de ellos, un camión que
venía en dirección opuesta se les echó encima y, para no chocar contra él, ella
debió de dar un volantazo y el automóvil rodó por un barranco. Don Pablo debió
de morir en el acto y ella se encuentra hospitalizada con las piernas rotas.
- ¡Qué fuerte! No me acabo de hacer a
la idea de que tuviera una pareja femenina.
- A través de lo del teatro leído seguí
en contacto con él. Encontramos un filón en Samuel Becker y el teatro del
absurdo, pues requería pocos personajes y casi nulos decorados, “Final de
Partida” y cosas así. Como era un profesor muy preparado y de amplios conocimientos
cuando le recomendaron que abandonara nuestro instituto encontró una plaza en
el más cercano, el Lope de Vega…
- El de las colegialas con las que tonteábamos
por los jardines de Sabatini, a la sombra del Palacio Real, cuando hacíamos pellas.
- Pues una de esas chavalinas que
cursaba Preu se hizo un hueco en su corazón y le hizo feliz estos últimos años.
Se debían de llevar treinta años o más…
- Esto del amor tiene cosas muy
extrañas, y de alguna manera este suceso me está ayudando a clarificar mis
propios sentimientos en una relación sobre la que tengo mis dudas en proseguir.

Conocí a "Maruri", así lo llamábamos, en el 68. Era buen profesor, apasionado y algo "bailón" en la tarima. No aburría. No sabía de su muerte en accidente. Comencé a pintar ese año. Algo tendría que ver el profesor de Arte con mis pinceles.
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