jueves, 3 de mayo de 2012

6. DE CÓMO ORFEO, CUALQUIERA QUE SEA SU COLOR, SIEMPRE ACABARÁ POR TENER UN DESTINO TRÁGICO.



         Mis escarceos amorosos con Clara, que para ella tenían unas inciertas intenciones de noviazgo y para mí de conocimiento, en el más amplio sentido del término, no impedían que me siguiera citando con Mariana para continuar con nuestra costumbre de asistir a las proyecciones de la “Filmo” cuando se anunciaba alguna película que reclamaba nuestra mutua atención. 

         Facilitaba la bipolaridad de las relaciones el que los padres de Mariana tenían un chalecito en una urbanización por Torrelodones, población cercana a Madrid, y muchos fines de semana solía ir mi amiga allí acompañando a su familia. Y que Clara me imaginara entresemana estudiando como un auténtico Emmanuel Kant, de quien se cuenta, y tal cual se lo pasé a ella, que cuando estaba constipado dejaba el pañuelo en una habitación distinta a aquella en la que trabajaba con el fin de tener que abandonar la labor y la lectura cuando sentía deseos de estornudar. Todo para que llegara Sigmund Freud y le diera la vuelta al pensamiento racional como quien le da la vuelta a un calcetín.


         La sed de conocimiento parece ser que es la lacra que acompaña al ser humano desde los inciertos tiempos bíblicos, aquello de la manzana del Árbol del Bien y el Mal. “Bueno es saber que los vasos sirven para beber, lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed”, cantó mi muy querido don Antonio Machado, y advierto a quien siga la narración que se encontrara con un poema suyo completo en algún momento, venido a pelo, a contrapelo, o por los pelos.

         El caso es que Mariana a veces sucumbía a la tentación de la serpiente reconvertida en un estudiante de Derecho, que en ocasiones contaba con el auxilio de dioses provenientes del paganismo, como Apolo, el valedor de Orfeo.
     
     Peli realizada en 1950 por Jean Costeau en blanco y negro, y protagonizada por Jean Marais y María Casares. Jean Marais fue durante décadas un galán de moda en Francia que no le hacía ascos a ningún tipo de película en la que pudiera participar, desde cine experimental, como en este caso, hasta las más comerciales e intrascendentes, como las de la serie Fantomas, el fantasma de El Louvre…
         Por el contrario, María Casares siempre participo en trabajos de alta calidad. Una legendaria actriz española de teatro y cine que triunfó en el exilio en Francia, donde residía por ser hija de Santiago Casares Quiroga, que había sido Ministro y Jefe de Gobierno de la República bajo la presidencia de Manuel Azaña.
         En 1944 conoció a Albert Camus, con quien mantuvo una relación sentimental hasta la muerte de éste en 1960. Protagonizó varias obras escritas por Camus, como El malentendido, Estado de sitio y Los justos y representó obras de Sartre, Jean Anouilh, Jean Cocteau, Genet y Claudel, convirtiéndose en musa del existencialismo francés. En 1949, entra en la Comédie Française y cinco años más tarde en el Teatro Nacional Popular (TNP), compañía pública con una fuerte preocupación social. Participó en la creación y potenciamiento del Festival de Aviñón e interpretó a Lady Macbeth, María Tudor, Ana Petrova, etc., en obras de Shakespeare, Victor Hugo y Antón Chéjov, Ibsen, Eurípides, entre muchos otros.

         En el filme que visioné aquella tarde en compañía de Mariana, Jean Costeau, también poeta, dramaturgo y pintor, muestra todo su universo onírico. No en vano es el autor del ballet Parade, con música de Erik Satie y decorados de Picasso, estrenado en 1917. Estreno que terminó en batalla campal entre los partidarios del arte de vanguardia y sus detractores.
         Traspone la leyenda griega a la época de realización del film, es decir, con indumentarias y diseño de interiores propios de la Francia de posguerra, cabellos muy repeinados donde reluce la brillantina… lo que unido a la sobreactuación del mediocre Jean Marais la convierte por momentos en una pesadilla para los amantes del buen cine y el buen gusto. No obstante, como ni Mariana ni yo lo teníamos muy bien formado por aquellos días, salimos encantados del California, como dos singulares mortales que habían tenido una oportunidad única de bajar, más bien, para hablar con propiedad, pasar a los Infiernos, porque el autor propone la frontera en un espejo de armario de dormitorio, muy a lo Alicia, de Lewis Carroll, durante una hora, y habían salido tan indemnes que ahora podían pasear cogidos de la mano por las iluminadas calles platicando sobre sus propios proyectos de futuro. 

         Años atrás habíamos tenido la oportunidad de visionar el Orfeo Negro, obra del director francés Marcel Camus, rodado en los Carnavales de Río de Janeiro, que contribuyó a convertir en mundialmente famosa la música popular brasileña.
         Antonio Carlos Jobim y Luis Bonfá son los autores respectivos de los dos temas principales de la banda sonora, "A felicidade" y "Manhã de Carnaval", que llegarían a ser clásicos de bossa nova y jazz. Pero ni cambiar el color de la piel de sus protagonistas, Eurídice y Orfeo, haría variar su trágico destino.

1 comentario:

  1. Pido disculpas por la mala traducción que se hace en el vídeo de los subtítulos en francés... Por ejemplo, ormallo es una bella palabra que define la lluvía menuda y que los portugueses, y por ende los brasileiros, recogieron directamente del castellano antiguo, y no tiene mucho que ver con los pétalos de rosa. Julio Llamazares le tiene dedicada una novela La Lluvia Amarilla, sobre el olvido, y en Lima recibe un nombre específico que es casi una copotragonista de las Conversaciones en la Catedral de Mario Vargas Llosa... La felicidad es pues, para el autor de la canción, como una lluvía menuda, que nos cala hasta los huesos, pero que apenas percibimos en el exterior...

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