martes, 15 de mayo de 2012

13. DE CÓMO CADA 1º DE MAYO SE CONVERTÍAN EN UNA KERMESSE HEROIQUE ATOCHA Y ALEDAÑOS.


         Las manifestaciones públicas reivindicativas, así como los sindicatos de clase y los partidos políticos estaban prohibidos. La llegada masiva de turistas, que suponían la entrada en el país de buenas divisas, había producido que en el ámbito de las costumbres públicas se hubiera producido una cierta apertura, esto también abarcaba a la Cultura y las Artes en general, y al cine en particular, pues aunque la primera atracción fuera el sol y las playas, también había un cierto grupo bastante notorio, que además de la consabida visita al Museo de El Prado, quería disfrutar de unos espectáculos similares a los que tendría en su país de origen, los cines de Arte y Ensayo cumplían esta función de una manera perfecta, pues como además se proyectaban las películas en versión original, como suele decirse: “miel sobre hojuelas”. Pero en lo referente a las libertades públicas de reunión y manifestación los estamentos seguían prohibiendo todo lo prohibible, y los sindicalistas acostumbraban a aprovechar fechas muy señaladas como la Conmemoración del 1º Mayo, para pedir mayores libertades, aún con el riesgo de perder la suya propio y llevarse un batacazo proporcionado por los agentes del orden.

         Como la sede central del llamado “Sindicato Vertical” -extraño espécimen ideado por calenturientas mentes de Régimen, en el que se quería agrupar en un mismo cajón de sastre a obreros y patronos-, se encontraba ubicado en un precioso edificio, obra de los arquitectos Cabrero y Aburto, que, como es inmenso, en la actualidad alberga al Ministerio de Sanidad y, todavía, le queda sitio para ser sede del sindicato Comisiones Obreras -en teoría de adscripción comunista y en la realidad sindicato de servicios-, y está situado cercano a la Estación de Atocha, las octavillas y demás panfletos, convocaban a reunirse en los aledaños de la estación. “A las doce en Atocha”, era la consigna que se repetía año tras año, invitando a la convocatoria.


          Cuando la víspera, camino del 93, me encontré con Pedro Francisco en la boca del metro de Tetuán, controlando que los panfletos que había arrojado, lanzados al aire para que quedaran bien esparcidos, eran recogidos por los usuarios antes de ser retirados por el servicio especial de limpieza que el poder gubernativo montaba al respecto para que no se difundiera la convocatoria, recibí la invitación de forma verbal.
           - Espero verte por allí mañana…
         - Arriesgas demasiado, amigo, ¿quién te dice que cualquiera de los que pasan por aquí no es de la Brigada Político-Social y te detienen por distribución de propaganda subversiva?
         - Me encontrarían limpio, no llevo un papel encima, sólo corro peligro en el momento de traerlos y lanzarlos, y ya procuro que en ese momento esté la calle despejada.
         - Tu verás, pero hasta que no acabe la Carrera no podré ser tu abogado defensor -bromeé.
         - Podríamos quedar e ir juntos -propuso Pedro, sin atender a la broma.
        - He quedado con un amigo de la facultad para ir a la matiné del Bellas Artes, a ver una película que parece interesante: “La Kermesse Heroique”, mejor harías en acompañarnos y dejarte de líos.
         - ¿Estás seguro que tu vocación es ser abogado laboralista?
         - Ya llegan los de la limpieza, mejor nos apartamos de aquí…
        - Sí, como están entretenidos por aquí, cogeré otro paquete y repetiré la actividad en el metro de Estrecho…




         La Kermesse Heroique, conocida también como Carnaval en Flandes, es una coproducción franco-alemana de 1935, por la que su realizador, el belga Jacques Feyder, recibió en el Festival Internacional de Venecia el premio al mejor director. Es una comedia, que a pesar de estar rodada en blanco y negro, se apoya en la pintura de Jan Bruegel el Joven para mostrar el costumbrismo del Flandes del siglo XVII. En una pequeña villa, en tiempos de la dominación española de los Países Bajos, se están preparando para su fiesta anual cuando reciben la noticia de que recibirán la visita del Gobernador de España acompañado de su armada, los célebres Tercios. Cunde el pánico entre los notables y comerciantes que recuerdan pillajes y vandalismos producidos en anteriores visitas. El burgomaestre, que no es muy valeroso, aconseja a la población calma, prudencia y obediencia a los invasores, y que no se celebre el festejo. Pero su esposa, que es una mujer bastante decidida, se reúne con las damas de la población y urden una trama alternativa para que se lleven a cabo las fiestas, que es el desarrollo del film, que se convertirá en una sátira sobre la guerra, el valor y el honor.

        Por supuesto, el compañero de Facultad que me acompañó a la proyección era Dolfo, y todavía nos reíamos y comentábamos las últimas secuencias a la salida del cine cuando nos encontramos envueltos en una nube de humo y griterío por todos los lados. Por lo que se veía la manifestación había tenido en está ocasión más asistencia de la acostumbrada, y en su intento por disolverla los antidisturbios la habían ido ampliando en forma de una mancha de aceite que ya llegaba a la calle de Alcalá, y empleaban botes de humo y pelotas de goma. Queriendo evadirme de los conflictos, éstos se empeñaban en involucrarme en la lucha social…

         Cuando, tras atravesar la calle de Alcalá entre una nube de proyectiles llegados de uno y otro lado, nunca me pareció tan ancha esta calle, y subir por la calle de Barquillo, nos encontramos Dolfo y yo sentados en un banco de la Plaza del Rey, en una atmósfera limpia y rodeados de árboles, sólo se le ocurrió comentar a mi amigo:
-      Esto sí que es una Kermesse…   

1 comentario:

  1. ¡ Qué bien la hiciste Feyder, que le buscan derechos de autor a tus cenizas ! Mejor que como yo te envien ramos de rosas rojas hasta el lucero desde el que me sonries... Los creativos somos viento de Libertad.

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